YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Escritores que hablan de Santander


…Santander es tierra curiosa y rica para el arqueólogo y para el genealogista, para el antropólogo y para el sociólogo, para el agricultor y para el industrial, y hasta para el anticuario, para el turista y para el veraneante. A Santander, a la verde y civilizada tierra de Santander, de sobrarle algo, le sobran posibilidades…

Camilo José Cela: Del Miño al Bidasoa.

…En Santander el sol no es, por fortuna, sino un atuendo para recibir a las visitas. La ciudad está amurallada por el viento y las lluvias. Quizá por eso no les hagan falta cortinas o visillos a sus ventanas, a sus miradores. Su discreción, su hermetismo, tienen confines naturales.

Jesús Aguirre : Santander sitio de los vientos

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