YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.
Mostrando entradas con la etiqueta Hispania Aeterna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hispania Aeterna. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de julio de 2014

Solemnidad de Santiago, Patrón de España




Santo Adalid, Patrón de las Españas,
Amigo del Señor;
Defiende a tus discípulos queridos,
Protege a tu nación.

Las armas victoriosas del cristiano
Venimos a templar
En el sagrado y encendido fuego
De tu devoto altar.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús,
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús.
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
¡Gloria a Santiago,
Patrón insigne!
Gratos, tus hijos,
Hoy te bendicen.
A tus plantas postrados hoy te ofrecemos
La prenda más cordial de nuestro amor.
¡Defiende a tus discípulos queridos!
¡Protege a tu nación!
¡Protege a tu nación!

jueves, 25 de julio de 2013

Solemnidad de Santiago, Patrón de España




Santo Adalid, Patrón de las Españas,
Amigo del Señor;
Defiende a tus discípulos queridos,
Protege a tu nación.

Las armas victoriosas del cristiano
Venimos a templar
En el sagrado y encendido fuego
De tu devoto altar.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús,
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús.
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
¡Gloria a Santiago,
Patrón insigne!
Gratos, tus hijos,
Hoy te bendicen.
A tus plantas postrados hoy te ofrecemos
La prenda más cordial de nuestro amor.
¡Defiende a tus discípulos queridos!
¡Protege a tu nación!
¡Protege a tu nación!

viernes, 12 de octubre de 2012

Ramiro de Maeztu: La Hispanidad

Ramiro de Maeztu

La Hispanidad






«El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.» Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?
Primera cuestión: ¿Se incluirán en ella Portugal y Brasil? A veces protestan los portugueses. No creo que los más cultos. Cámoens los llama (Lusiadas, Canto I, estrof. XXXI):
«Huma gente fortissima de Espanha»
André de Resende, el humanista, decía lo mismo, con palabras que elogia doña Carolina Michaëlis de Vasconcelos: «Hispani omnes sumus.» Almeida Garret lo decía también: «Somos Hispanos, e devemos chamar Hispanos a quantos habitamos a peninsula hispánica.» Y D. Ricardo Jorge ha dicho: «chamese Hispánia à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore,hispánico ao que lhe diez respeito.» Hispánicos son, pues, todos los pueblos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispanos de la península. Hispanidad es el concepto que a todos los abarca.
Veamos hasta qué punto los caracteriza. La Hispanidad, [9] desde luego, no es una raza. Tenía razón El Eco de España para decir que está mal puesto el nombre de Día de la Raza al del 12 de octubre. Sólo podría aceptarse en el sentido de evidenciar que los españoles no damos importancia a la sangre, ni al color de la piel, porque lo que llamamos raza no está constituido por aquellas características que puedan transmitirse al través de las obscuridades protoplásmicas, sino por aquellas otras que son luz del espíritu, como el habla y el credo. La Hispanidad está compuesta de hombres de las razas blanca, negra, india y malaya, y sus combinaciones, y sería absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía.
También por los de la geografía. Sería perderse antes de echar a andar. La Hispanidad no habita una tierra, sino muchas y muy diversas. La variedad del territorio peninsular, con ser tan grande, es unidad si se compara con la del que habitan los pueblos hispánicos. Magallanes, al Sur de Chile, hace pensar en el Norte de la Escandinavia. Algo más al Norte, el Sur de la Patagonia argentina, tiene clima siberiano. El hombre que en esas tierras se produce no puede parecerse al de Guayaquil, Veracruz o las Antillas, ni éste al de las altiplanicies andinas, ni éste al de la selvas paraguaya o brasileña. Los climas de Hispanidad son los de todo el mundo. Y esta falta de características geográficas y etnográficas, no deja de ser uno de los más decisivos caracteres de la Hispanidad. Por lo menos es posible afirmar, desde luego, que la Hispanidad no es ningún producto natural, y que su espíritu no es el de una tierra, ni el de una raza determinadas.
¿Es entonces la Historia quien lo ha ido definiendo? Todos los pueblos de la Hispanidad fueron gobernados por los mismos Monarcas desde 1580, año de la anexión de Portugal, hasta 1640, fecha de su separación, y antes y después por las dos monarquías peninsulares, desde los años de los descubrimientos hasta la separación de los pueblos de América. Todos ellos deben su civilización a los pueblos hispánicos. La civilización no es una aventura. Quiero decir que la comunidad de los pueblos hispánicos no puede ser la de los viajeros de un barco que, después de haber convivido unos días, se despiden para no volver a verse. Y no lo es, en efecto. Todos aquellos conservan un sentimiento de unidad, que no consiste tan sólo en hablar la misma lengua o en la comunidad del origen histórico, ni se expresa [10] adecuadamente diciendo que es de solidaridad, porque por solidaridad entiende el diccionario de la Academia, una adhesión circunstancial a la causa de otros, y aquí no se trata de una adhesión circunstancial, sino permanente.
No exageremos, sin embargo, la medida de la unidad. Pero es un hecho que un Embajador de España no se siente tan extraño en Buenos Aires como en Río Janeiro, ni en Río Janeiro como en Londres, ni en Londres como en Tokío. Es también un hecho que no podrá desembarcar un pelotón de infantería de marina norteamericana en Nicaragua, sin que se lastime el patriotismo de la Argentina y del Perú, de Méjico y de España, y aún también el de Brasil y Portugal. No sólo esto. El mero deseo de un político norteamericano, Mr. William G. McAdoo, de que la Gran Bretaña y Francia transfieran a los Estados Unidos, para pago de sus deudas de guerra, sus posesiones en las Indias occidentales y las Guayanas inglesa y francesa, basta para que dé la voz de alarma un periódico tan saturado de patriotismo argentino como La Prensa, de Buenos Aires, que proclama (18 de noviembre, 1931), que todos los pueblos hispanoamericanos abogan por «la independencia de Puerto Rico, el retiro de tropas de Nicaragua y Haití, la reforma de la enmienda Platt y el desconocimiento, como doctrina, del enunciado de Monroe».
De otra parte, habría muchas razones para dudar de que sea muy sólida esta unidad que llamamos hispánica. En primer término, porque carece de órgano jurídico que la pueda afirmar con eficacia. Un ironista llamó a las Repúblicas hispanoamericanas «los Estados Desunidos del Sur», en contraposición a los Estados Unidos del Norte. Pero más grave que la falta del órgano es la constante crítica y negación de las dos fuentes históricas de la comunidad de los pueblos hispánicos, a saber: la religión católica y el régimen de la Monarquía católica española. Podrá decirse que esta doble negación es consubstancial con la existencia misma de las repúblicas hispanoamericanas, que forjaron su nacionalidad en lucha contra la dominación española. Pero esta interpretación es demasiado simple. Las naciones no se forman de un modo negativo, sino positivamente y por asociación del espíritu de sus habitantes a la tierra donde viven y mueren. Es puro accidente que, al formarse las nacionalidades hispánicas de América, prevalecieran en el mundo las ideas de la revolución francesa. [11] Ocurrió que prevalecían y que han prevalecido durante todo el siglo pasado. Los mejores espíritus están ya saliendo de ellas, tan desengañados como Simón Bolívar, cuando dijo: «Los que hemos trabajado por la revolución hemos arado en el mar.»
Ahora están perplejos. Ya han perdido los más perspicaces la confianza que tenían en las doctrinas de la revolución. En su crisis actual, no quedarán muchos talentos que puedan asegurar, como Carlos Pellegrini hace tres cuartos de siglo, que «el progreso de la República Argentina es un hecho forzoso y fatal». La fatalidad del progreso es una de las ilusiones que aventó la gran guerra. Todos los ingenios hispanoamericanos no tienen la ruda franqueza con que el chileno Edwards Bello proclamó que: «el arte iberoamericano, sin raíces en las modalidades nacionales, carece de interés en Europa.» Pero muchos sienten que las cosas no marchan como debieran, ni mucho menos como en otro tiempo se esperaba. En lo económico, esos pueblos, que viven al día, dependen de las grandes naciones prestamistas, antes, de Inglaterra, ahora, de los Estados Unidos. No son pueblos de inventores, ni de grandes emprendedores. Sus investigadores son también escasos. Padecen, agravados, los males de España. Lo atribuye Edwards Bello, a que están divididos en tantas nacionalidades. Lo que hizo grande, a juicio suyo, a Bolívar y a Rubén Darío, fue haber podido ser, en un momento dado, el soldado y el poeta de todo un Continente. El hecho es que los pueblos hispánicos viven al día, sin ideal. ¿Y no dependerá la insuficiente solidaridad de los pueblos hispánicos de que han dejado apagarse y deslucirse sus comunes valores históricos? ¿Y no será esa también la causa de la falta de originalidad? Lo original, ¿no es lo originario?
Ahora está el espíritu de la Hispanidad medio disuelto, pero vivo. Se manifiesta de cuando en cuando como sentimiento de solidaridad y aún de comunidad, pero carece de órganos con que expresarse en actos. De otra parte, hay signos de intensificación. Empieza a hacer la crítica de la crítica que contra él se hizo y a cultivar mejor la Historia. La Historia está llamada a transformar nuestros panoramas espirituales y nunca ha carecido de buenos cultivadores en nuestros países. Lo que no tuvimos, salvo el caso único e incierto de Oliveira Martins, fue hombres cuyas ideas supieran iluminar los hechos y darles su valor y su sentido. Hasta ahora, por ejemplo, no se sabía, a pesar de los miles [12] de libros que sobre ello se han escrito, cómo se había producido la separación de los países americanos. Desde el punto de vista español parecía una catástrofe tan inexplicable como las geológicas. Pero hace tiempo que entró en la geología la tendencia a explicarse las transformaciones por causas permanentes, siempre actuales. ¿Y por qué no han de haber separado de su historia a los países americanos las mismas causas que han hecho lo mismo con una parte tan numerosa del pueblo español? Si Castelar, en el más celebrado de sus discursos ha podido decir: «No hay nada más espantoso, más abominable, que aquel gran imperio español que era un sudario que se extendía sobre el planeta», y ello lo había aprendido D. Emilio de otros españoles, ¿por qué no han de ser estos intrépidos fiscales los maestros comunes de españoles e hispanoamericanos? Si todavía hay conferenciantes españoles que propalan por América paparruchas semejantes a las que creía Castelar, ¿por qué no hemos de suponer que, ya en el siglo XVIII, nuestros propios funcionarios, tocados de las pasiones de la Enciclopedia, empezaron a propagarlas? Pues bien, así fue. De España salió la separación de América. La crisis de la Hispanidad se inició en España.
* * *
Un libro todavía reciente, Los Navíos de la Ilustración, de D. Ramón de Basterra, empezó a transformar el panorama cultural. Basterra se encontró en Venezuela con los papeles de la Compañía Guipuzcoana de Navegación, fundada en 1728, y vio que los barcos del conde Peña Florida y del marqués de Valmediano, de cuya propiedad fueron después partícipes las familias próceres de Venezuela, como los Bolívar, los Toro, Ibarra, La Madrid y Ascanio, llevaban y traían en sus camarotes y bodegas los libros de la Enciclopedia francesa y del siglo XVIII español. Por eso atribuyó Basterra la independencia de América al hecho de haberse criado Bolívar en las ideas de los Amigos del País de aquel tiempo. El error no consiste sino en suponer que acaeció solamente en Venezuela lo que ocurría al mismo tiempo en toda la América española y portuguesa, como consecuencia del cambio de ideas que el siglo XVIII trajo a España. Al régimen patriarcal de la Casa de Austria, abandonado en lo económico, [13] escrupuloso en lo espiritual, sucedió bruscamente un ideal nuevo de ilustración, de negocios, de compañías por acciones, de carreteras, de explotación de los recursos naturales. Las Indias dejaron de ser el escenario donde se realizaba un intento evangélico para convertirse en codiciable patrimonio. Pero, ¿no ocurría lo propio en España?
Un erudito inglés, Mr. Cecil Jane, ha desarrollado recientemente la tesis de que la separación de América se debe a la extrañeza que a los criollos produjeron las novedades introducidas en el gobierno de aquellos países por los virreyes y gobernadores del siglo XVIII. El hecho de que los propios monarcas españoles incitaran a Jorge Juan y a Ulloa a poner en berlina todas las instituciones, así como los usos y costumbres, en sus Noticias Secretas de América, destruyó, a juicio de Mr. Jane, el fundamento mismo de la lealtad americana: «Desde ese momento ganó terreno la idea de disolver la unión con España, no porque fuese odiado el Gobierno español, sino porque parecía que el Gobierno había dejado de ser español, en todo, salvo el nombre.» Pero antes de Jorge Juan y Ulloa, antes de la Compañía Guipuzcoana de Navegación, cuenta D. Carlos Bosque, el historiador español (muerto hace poco en Lima para retardo de nuestras reivindicaciones), que el marqués de Castelldosrius fue nombrado virrey del Perú por recomendación del propio Luis XIV, por haber sido uno aristócrata catalán que abrazó contra el Archiduque la causa de Felipe V. Castelldosrius fue a Lima con la condición de permitir a los franceses un tráfico clandestino contrario al tradicional régimen del virreinato. Al morir Castelldosrius y verse sustituido por el Obispo de Quito, fue éste procesado por haber suprimido el contrabando francés, que era perjudicial para el Perú y para el Rey. El proceso culpa al obispo de haber prohibido pagar cuentas atrasadas del virrey. Es un dato que revela el cambio acontecido. Los virreyes empiezan a ir a América para pagar deudas antiguas. Así se pierde un mundo.
Todos los conocedores de la historia americana saben que el hecho central y decisivo del siglo XVIII fue la expulsión de los jesuitas. Sin ella no habría surgido, por lo menos entonces, el movimiento de la independencia. Lo reconoce, con lealtad característica, D. Leopoldo Lugones, poco afecto a la retórica hispanófila. La avaricia del marqués de Pombal, que quería explotar, en [14] sociedad con los ingleses, los territorios de las misiones jesuíticas de la orilla izquierda del río Uruguay, y el amor propio de la marquesa de Pompadour, que no podía perdonar a los jesuítas que se negasen a reconocerla en la Corte una posición oficial, como querida de Luis XV, fueron los instrumentos de que se sirvieron los jansenistas y los filósofos para tratar de acabar con los jesuítas. El conde Aranda, enérgico, pero cerrado de mollera, les sirvió en España sin darse cuenta clara de lo que estaba haciendo. «Hay que empezar por los jesuitas como los más valientes», escribía D'Alembert a Chatolais. Y Voltaire a Helvecio, en 1761: «Destruidos los jesuítas, venceremos a la infame.» La «infame», para Voltaire, era la Iglesia. El hecho es que la expulsión de los jesuítas produjo en numerosas familias criollas un horror a España, que al cabo de seis generaciones no se ha desvanecido todavía. Ello se complicó con el intento del siglo XVIII de substituir los fundamentos de la aristocracia en América. Por una de las más antiguas Leyes de Indias, fechada en Segovia el 3 de julio de 1533, se establecía que: «Por honrar las personas, hijos y descendientes legítimos de los que se obligaren a hacer población (entiéndase tener casa en América)..., les hacemos hijosdalgos de solar conocido...» Por eso, las informaciones americanas sobre noblezas prescindieron en los siglos XVI y XVII, de los «abuelos de España», deteniéndose en cambio en referir con todo lujo de detalles, como dice el genealogista Lafuente Machain, las aventuras pasadas en América; y es que la aspiración, durante aquellos siglos, era tener sangre de Conquistador, y en ellas se basaba la aristocracia americana. El siglo XVIII trajo la pretensión de que se fundara la nobleza en los señoríos peninsulares, por medio de una distinción que estableció entre la hidalguía y la nobleza, según la cual la hidalguía era un hecho natural e indeleble, obra de la sangre, mientras la nobleza era de privilegio o nombramiento real. La aristocracia criolla se sintió relegada a segundo término, hasta que con las luchas de la independencia surgió la tercera nobleza de América, constituida por «los próceres», que fueron los caudillos de la revolución.
Hubo también otros criollos que siguieron las lecciones de los españoles, y se enamoraron de los ideales de la Enciclopedia, y su número fue creciendo tanto durante el curso del siglo XIX, que un estadista uruguayo, D. Luis Alberto de Herrera, podía escribir [15] en 1910, que la América del Sur «vibra con las mismas pasiones de París, recogiendo idénticos sus dolores, sus indagaciones y sus estallidos neurasténicos. Ninguna otra experiencia se acepta; ningún otro testimonio de sabiduría cívica o de desinterés humano se coloca a su altura excelsa». Ha de reconocerse que Francia tiene su parte de razón cuando recaba para sí la primacía, como cabeza de la latinidad y principal protagonista de la revolución, diciendo a los hijos de la América hispánica: «Vous n'êtes pas les fils de l'Espagne, vous êtes les fils de la Révolution Francaise.» Bueno; ya no hay franceses, por lo menos entre los intelectuales distinguidos, que se entusiasmen con su revolución. Lo que hacen los de ahora es buscar en la música de la Marsellesa, que es himno sin Dios, entre los demás grandes himnos nacionales, la misma letra con que le hablaban a Juana de Arco las voces de Domorémy. Y empieza a haber no sólo españoles, sino americanos, que vislumbran que la herencia hispánica no es para desdeñada.
Saturados de lecturas extranjeras, volvemos a mirar con ojos nuevos la obra de la Hispanidad y apenas conseguimos abarcar su grandeza. Al descubrir las rutas marítimas de Oriente y Occidente hizo la unidad física del mundo; al hacer prevalecer en Trento el dogma que asegura a todos los hombres la posibilidad de salvación, y por tanto de progreso, constituyó la unidad de medida necesaria para que pueda hablarse con fundamento de la unidad moral del género humano. Por consiguiente, la Hispanidad creó la Historia Universal, y no hay obra en el mundo, fuera del Cristianismo, comparable a la suya. A ratos nos parece que después de haber servido nuestros pueblos un ideal absoluto, les será imposible contentarse con los ideales relativos de riqueza, cultura, seguridad o placer con que otros se satisfacen. Y, sin embargo, desechamos esta idea, porque un absolutismo que excluya de sus miras lo relativo y cotidiano, será menos absoluto que el que logre incluirlos. El ideal territorial que sustituyó en los pueblos hispánicos al católico tenía también, no sólo su necesidad, sino su justificación. Hay que hacer responsables de la prosperidad de cada región territorial a los hombres que la habitan. Mas por encima de la faena territorial se alza el espíritu de la Hispanidad. A veces es un gran poeta, como Rubén, quien nos lo hace sentir. A veces es un extranjero eminente quien nos dice, como Mr. Elihu Root, que: «Yo he tenido que aplicar en territorios [16] de antiguo dominio español leyes españolas y angloamericanas y he advertido lo irreductible de los términos de orientación de la mentalidad jurídica de uno y otro país.» A veces es puramente la amenaza a la independencia de un pueblo hispánico lo que suscita el dolor de los demás.
Entonces percibimos el espíritu de la Hispanidad como una luz de lo alto. Desunidos, dispersos, nos damos cuenta de que la libertad no ha sido, ni puede ser, lazo de unión. Los pueblos no se unen en libertad, sino en la comunidad. Nuestra comunidad no es geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia, porque es el catolicismo. Y es verdad que ahora hay muchos semicultos que no pueden rezar el Padrenuestro o el Ave María, pero si los intelectuales de Francia están volviendo a rezarlos, ¿que razón hay, fuera de los descuidos de las apologéticas usuales, para que no los recen los de España? Hay otra parte puramente histórica, que nos descubre las capacidades de los pueblos hispánicos cuando el ideal los ilumina. Todo un sistema de doctrinas, de sentimientos, de leyes, de moral, con el que fuimos grandes; todo un sistema que parecía sepultarse entre las cenizas del pretérito y que ahora, en las ruinas del liberalismo, en el desprestigio de Rousseau, en el probado utopismo de Marx, vuelve a alzarse ante nuestras miradas y nos hace decir que nuestro siglo XVI, con todos sus descuidos, de reparación obligada, tenía razón y llevaba consigo el porvenir. Y aunque es muy cierto que la Historia nos descubre dos Hispanidades diversas, que Herriot días pasados ha querido distinguir, diciendo que era la una la del Greco, con su misticismo, su ensoñación y su intelectualismo, y la otra de Goya, con su realismo y su afición a la «canalla», y que pudieran llamarse también la España de Don Quijote y la de Sancho, la del espíritu y la de la materia, la verdad es que las dos no son sino una, y toda la cuestión se reduce a determinar quién debe gobernarla, si los suspiros o los eruptos. Aquí ha triunfado, por el momento, Sancho; no me extrañará, sin embargo, que los pueblos de América acaben por seguir a Don Quijote. En todo caso, hallarán unos y otros su esperanza en la Historia: «Ex proeterito spes in futurum.»

miércoles, 25 de julio de 2012

Solemnidad de Santiago, Patrón de España




Santo Adalid, Patrón de las Españas,
Amigo del Señor;
Defiende a tus discípulos queridos,
Protege a tu nación.

Las armas victoriosas del cristiano
Venimos a templar
En el sagrado y encendido fuego
De tu devoto altar.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús,
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús.
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
¡Gloria a Santiago,
Patrón insigne!
Gratos, tus hijos,
Hoy te bendicen.
A tus plantas postrados hoy te ofrecemos
La prenda más cordial de nuestro amor.
¡Defiende a tus discípulos queridos!
¡Protege a tu nación!
¡Protege a tu nación!

lunes, 19 de marzo de 2012

La Cremá




La Cremá es el acto fallero que cierra el ejercicio fallero y a su vez el que da paso al nuevo ejercicio. Durante la mágica noche del 19 de Marzo, todos los monumentos falleros arden en llamas, hasta convertirse en cenizas.
Sobre las 10 de la noche, tiene lugar la Cremá de la falla infantil, mientras que las Fallas Grandes esperan su turno a pasada la media noche. Debido a las enormes llamas de la Cremá, y la proximidad con los edificios, el acto de la Cremá es supervisado por los bomberos.
El pirotécnico es el encargado de preparar esta Cremá, para que todo arda perfectamente y de forma uniforme. La Cremá es iniciada mediante una traca, que enciende los fuegos artificiales preparados por el pirotécnico, llenando de fuego y color el entorno de los monumentos.
El trabajo y esfuerzo de todo un año, se termina el dia de la Cremá. En este momento comienza un nuevo ejercicio fallero con más fuerza que nunca y lleno de nuevas ilusiones.


www.padresantonja.com

domingo, 18 de marzo de 2012

HIMNO DE VALENCIA:Per a ofrenar noves glòries a Espanya...



Per a ofrenar noves glòries a Espanya,
tots a una veu, germans vingau.
¡Ja en el taller i en el camp remoregen,
càntics d'amor, himnes de pau!.
 ¡Pas a la Regió
que avança en marcha triomfal!
Per a Tú la vega envia
la riquessa que atresora,
i es la veu de l'aigua càntic d'alegria
acordat al ritme de guitarra mora.
Paladins de l'Art t'ofrenen
ses victòries gegantines,
i als teus peus, Sultana tons jardins estenen
un tapiç de murta (1) i de roses fines.
Brinden fruites daurades
els paradisos de les riberes,
pengen les arracades (2)
baix les arcades de les palmeres.
Sona la veu amada
i en potentíssim, vibrant ressó,
notes de nostra albada (3)
canten les glòries de la Regió.
Valencians: en peu alcem-nos
que nostra veu
la llum salude
d'un sol novell.
Per a ofrenar noves glòries a Espanya,
tots a una veu, germans vingau.
¡Ja en el taller i en el camp remoregen,
càntics d'amor, himnes de pau!
¡Flamege en l'aire
nostra Senyera!
¡Glòria a la Pàtria! ¡Visca València!
¡Vixca! ¡Vixca! ¡Vixca!  


Para ofrendar nuevas glorias a España
todos a una voz, hermanos venid.
¡Ya en el taller y en el campo resuenan
cantos de amor, himnos de paz!
 ¡Paso a la Región
que avanza en marcha triunfal!
Para ti la Vega envía,
la riqueza que atesora,
y es la voz del agua canto de alegría,
acordado al ritmo de guitarra mora.
Paladines del arte te ofrecen
sus victorias gigantescas,
y a tus pies, Sultana, tus jardines extienden
 un tapiz de mirto (1) y rosas finas.
Brindan frutas doradas,
los paraísos de las riberas;
cuelgan pendientes
bajo los arcos de las palmeras.
Suena, la voz amada
y en potentísimo vibrante eco,
notas de nuestra alborada
cantan las glorias de la Región.
Valencianos, alcémonos en pie.
Que nuestra voz la luz salude
de un nuevo sol.
Para ofrecer nuevas glorias a España,
todos a una voz, hermanos venid.
¡ Ya en el taller y en el campo susurran,
cantos de amor, himnos de paz!
 ¡Ondee en el aire
nuestra Bandera!
¡Gloria a la Patria!
¡Viva Valencia!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!  

sábado, 17 de marzo de 2012

La Curra, cantinera de la Legión Española

 


Artículo de Moisés Domínguez: «La historia de “La Curra”, la Cantinera de la IV Bandera de la Legión que tomó Badajoz en 1936»: 

Las cantineras siempre han sido una seña de identidad en el Tercio. Decía José Larios al respecto: «A los legionarios les ha acompañado siempre un pequeño ejército de mujeres o cantineras que les hace la comida, les lava y les remienda la ropa, cuida sus heridas y, si hace falta, lucha junto a ellos. Son mujeres recias, de mucho ánimo, valientes como leonas» (Memorias de un piloto de caza: 1936-1939, p. 59). Hasta la fecha nadie había dado con aquella cantinera que siguió a la IV Bandera de la legión por los caminos de la Baja Extremadura en aquel caluroso verano de 1936. Ha sido mi propósito descubrir a esa «legionaria» ¿Quién era aquella mujer que tanto valía para un cosido como un descosido, que atendida con tanta presteza a los heridos y moribundos legionarios como servía el vino aguado y aguardiente a los novios de la muerte? 


Aquella simpática mujer de ojos vivarachos era conocida por los legionarios como «La Curra». Era muy poquita cosa, huesos pegados a una piel casi transparente en la que la camisa legionaria escotada no dejaba vislumbrar nada pues nada tenía que ofrecer. Con un cabello negro y rizado que quitaba el suspiro a los legionarios. Los tenía bien puesto pues era capaz de dar una soberana bofetada al más veterano patilludo legionario cuándo estos se sobrepasaban en sus ímpetus amorosos. Llevaba la gobernanza de su cantina con tanta o más disciplina que la impuesta en el tercio. Los legionarios la respetaban como a una madre. A pesar de su ferviente fe, tenía una lengua viperina y más cuando le daba por achantar las penas con el anisete. Lo que aquella desmirriada soltaba por su lengua cuando el prive hacia estragos en su corazón valeroso era de órdago ni el más bruto legionario se ponía a su altura. Qué lengua… «Rezaba, creía y por lo menos, temía a Dios; aunque luego abriese los brazos al mismísimo Diablo».  

on sus ayudantes y socias La Asturiana, una mujer jamonera y que ponía a los legionarios a cien por hora y Dora, «una guapísima rubia de ojos negros», llevaban la limpieza de la cantina del destacamento en Dar Riffien y posteriormente siguieron a la IV Bandera cuando esta pasó el estrecho en julio de 1936. La Curra tenía una disposición para el trabajo incansable, buena cocinera, llevaba la colada y colaboraba en la enfermería cuidando enfermos; pero también durante la contienda civil estuvo siempre en primera línea de fuego. Ese aspecto me llamó mucho la atención. En 1955 un ex legionario que fue de la 13 Bandera nos dejo esta impresión sobre esta menuda mujer: «Llevaba los galones de cabo que Castejón le impusiera por su valor en las operaciones sobre Badajoz; entonces iba La Curra en la muy heroica y brava Cuarta Bandera de la Legión» («Nostalgias de un ex legionario», Revista Ilustrada del África Occidental Española 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El 'obispillo' recorre un año más las calles de Burgos


Como todos los años en el día de los inocentes, un simpático personaje, el 'Obispillo', ha recorrido a caballo las calles de Burgos, en una tradición que data de la Edad Media. Un pequeño se ha convertido por unas horas en la máxima figura eclesiástica de la ciudad.

Con la mitra y el báculo, y rodeado de cardenales y sacerdotes, ha visitado ancianos, ha visto al arzobispo y ha transmitido al alcalde su deseo para este año. En esta ocasión la petición ha sido una pista de hielo para todos los niños burgaleses.
Ataviado con la mitra y el báculo, Juanjo ha sido investido este miércoles, día de los Santos Inocentes,  'obispillo' de Burgos. Este pequeño de nueve años, miembro de la escolanía de los Pueri Cantores, se ha convertido por unas horas en la primera figura de la Iglesia en su ciudad. Una tradición que se repite todos los 28 de diciembre y que se remonta allá por el siglo XV.
Y, a lomos de su caballo, ha recorrido las calles del centro de Burgos. Ha visitado ancianos y también le ha transmitido al propio arzobispo de Burgos, todos sus deseos. El recorrido ha concluido en el Ayuntamiento donde, ante las instituciones locales, ha expresado su deseo para este año.
El niño Juan José González Torres, alumno del colegio Fernando de Rojas, fue investido en una celebración que se desarrolló en el Monasterio de las Madres salesas. Posteriormente, recorrió a lomos de un caballo blanco las calles de Burgos desde la catedral hasta el Ayuntamiento, como recuerdo del recorrido que antiguamente realizaban sus homólogos subidos en una burra.
La elección del 'Obispillo' es una tradición que se remonta al siglo XV, cuando el Cabildo metropolitano de la catedral permitió el 28 de diciembre, el Día de los Santos Inocentes, que un niño se vistiera de obispo. Así, cada año se viste como obispo a uno de los niños de la Escolanía de los Pueri Cantores que haya recibido la Primera Comunión ese mismo año. Sin embargo, esta tradición se vio truncada durante un largo periodo de tiempo con la desaparición de la Escolanía de la catedral y no se retomó hasta el año 1996 gracias al esfuerzo del Cabildo.
La tradición de elegir a un niño cantor ‘obispillo’ durante un día es muy común en los países de Europa central, en donde se relaciona esta costumbre con la figura de San Nicolás y la entrega de juguetes a los más pequeños. Normalmente, en ciudades de Alemania, Polonia y los Países Bajos se realiza el día del ‘Obispillo’ el 6 de diciembre, coincidiendo con la festividad de San Nicolás, el encargado de traer los regalos y presentes a los más pequeños.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La Plaza de Toros de Ronda

File:PlazaDeTorosDeRonda.jpg


La Plaza de Toros de Ronda, propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, por su historia y su arquitectura, por su carácter y su belleza está reconocida como una de las más antiguas y una de las más monumentales que existen. No es por casualidad. Ronda se considera una de las cunas de la tauromaquia moderna surgida en el siglo XVIII, en una ciudad donde se conservaba muy viva la tradición de la caballería al existir una corporación dedicada a que no se perdiera el disciplina ecuestre.

Las necesidades de defensa del territorio hicieron que Felipe II fundase en 1572 la Real Maestranza de Caballería de Ronda, para que se mantuviese el necesario manejo de los caballos. Para ello, este cuerpo dedicó un espacio de la ciudad para los ejercicios ecuestres, entre los cuales, como es tradicional en España desde la Edad Media, se incluyeron los juegos de destreza con toros. La bravura de este animal al acometer a caballos y jinetes servía de inigualable entrenamiento a los caballeros, y se convertía en un emocionante espectáculo para toda la población.

Cuando en el siglo XVIII los toreros a pie toman el relevo de los caballeros en los juegos con el toro, surge en Ronda la familia de los Romero, que durante tres generaciones reúne a los toreros más singulares de la época. Entre ellos destacó sobre todos Pedro Romero (1754-1839), figura cumbre y la más representativa de la historia de la tauromaquia. Se retiró después de estoquear más de 5.600 toros, sin recibir el más mínimo rasguño. Su personalidad consiguió que su oficio alcanzara respeto y dignidad social, al reunir valor, destreza y sentido estético. Pedro y su hermano José Romero fueron retratados por Goya.

El auge del toreo llevó a la Real Maestranza de Caballería de Ronda a erigir su famosa plaza, obra que se atribuye a Martín de Aldehuela, el mismo arquitecto del grandioso Puente Nuevo sobre el Tajo de Ronda, que despierta la admiración general por la espectacularidad de su emplazamiento. La construcción de la plaza duró seis años, y fue inaugurada en 1785 con una corrida de toros en la que actuaron Pedro Romero y Pepe-Hillo. Concebida en piedra arenisca con un esquema monumental, la nobleza de su traza arquitectónica, con su doble galería de arcadas y la ausencia de tendidos al descubierto, tiene más espíritu de claustro que de recinto para espectáculos, y recuerda al patio circular del famoso palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.

Su ruedo de 66 metros de diámetro esta considerado como el mas amplio del mundo y está circundado por un callejón formado por dos anillos de piedra. Los tendidos tienen cinco filas de gradas, de dos pisos, con 136 columnas formando 68 arcos de columnas toscanas, salvo la del Palco Real. Cubierta con tejado a dos aguas de teja árabe, la elegancia de su interior no tiene igual en ninguna otra plaza de toros.

En el siglo XX, una segunda dinastía de toreros rondeños, los Ordóñez, constituye otra aportación de Ronda a la historia de la Tauromaquia. Sus dos figuras fundamentales fueron Cayetano Ordóñez (1904-1961) y su hijo Antonio Ordóñez (1932-1998), que despertaron, por su manera de concebir el toreo, el interés de personalidades como el cineasta Orson Welles y del escritor norteamericano Ernest Hemingway, a los que dedicó obras como Fiesta y Muerte en la tarde. Fueron los Ordóñez los que inauguraron en 1954 la corrida goyesca de Ronda, con motivo de la celebración del II Centenario del nacimiento de Pedro Romero. Desde entonces se han convertido en una de las citas más llamativas del calendario taurino, además de constituir un acontecimiento social.

Se trata de un festejo con el exorno, vestimenta y el aparato de los tiempos de Francisco de Goya. La corrida tiene lugar a principios de septiembre, coincidiendo con la más popular de las tres ferias que celebra Ronda, junto a una exhibición de carruajes y enganches y una corrida de rejoneo.

El Museo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda está situado bajo los tendidos de sombra, y sus contenidos se dividen en tres grandes apartados: La Real Maestranza de Caballería de Ronda, Orígenes y evolución de la Tauromaquia, y Ronda en la Historia de la Tauromaquia.

Cuenta con una colección de aguafuertes, grabados, litografías y estampas, con una edición de la «Tauromaquia» de Francisco de Goya, y las tauromaquias de extranjeros como Lake Price, Victor Adam y Edward Orme; libros, ejecutorias y grabados relativos a la disciplina ecuestre, óleos del XVII, XVIII y XIX, cartelería histórica y contemporánea, trajes, objetos y documentación relacionados entre sí con complementos gráficos para ofrecer una visión de conjunto que permite acercarse al universo de la tauromaquia de forma didáctica y clara.


viernes, 26 de agosto de 2011

Doña Urraca, Reina de León y Castilla




Introducción a la figura de Doña Urraca



En un mundo de predominio masculino, en el que la condición femenina frecuentemente estaba lastrada por el tópico de la debilidad y la dependencia del hombre, llama la atención la habilidad, el carácter y la determinación de Doña Urraca, que manejó a la perfección la situación creada tras la muerte de su padre, Alfonso VI, que sin descendencia masculina, le reconocía todos sus derechos al trono, tal y como relata el anónimo cronista de Sahagún: "dexó el señorío de su reino a la dicha domna Urraca, su fixa".

 

El Chronicon Mundi, de Lucas de Tui y el De Rebus Hispaniae, de Rodrigo Jiménez de Rada, trataron de eclipsar su reinado, que salpicaron de connotaciones negativas para enturbiar la imagen de esta mujer a la que estudios posteriores han reconocido su condición de primera reina titular de la historia de España.



El matrimonio Doña Urraca con Raimundo de Borgoña

Para estrechar sus relaciones con Cluny, Alfonso VI no dudó en casar a sus hijas con nobles borgoñones. Así, cuando Urraca tenía apenas seis años, se prepararon los esponsales con Raimundo de Borgoña, conde de Amous, cuarto hijo del conde Guillermo de Borgoña, al que el monarca leonés había encomendado la regencia de Galicia. La boda se celebró probablemente en 1093, cuando la joven había cumplido los doce años. En esta misma fecha murió su madre, Constanza, que pertenecía también a la familia ducal de Borgoña y nació Sancho Alfónsez, su hermanastro, lo que complicaba sus aspiraciones políticas.



Como consecuencia de su matrimonio, Urraca se traslada al ámbito gallego, donde incluso llega a tener su propia corte, en la que aparece como notario Diego Gelmírez, quien luego se convertiría en arzobispo de Compostela. Fruto de la unión con el conde borgoñón, tendrá dos hijos, Sancha y Alfonso Raimúndez, futuro Alfonso VII.



En 1107 es legitimado como heredero el único descendiente masculino directo de Alfonso VI, Sancho Alfónsez, lo que constituye un varapalo para las aspiraciones políticas de Urraca, que se agravarían con la inminente muerte, ese mismo año, de su marido Raimundo de Borgoña. La joven ve multiplicadas sus responsabilidades, pues desde entonces aparece en los diplomas como señora de toda Galicia, pero oscuros nubarrones se cernían sobre su futuro.



El matrimonio de Urraca con Alfonso I "El Batallador"

En la batalla de Uclés, en 1108, muere Sancho Alfónsez. Los problemas sucesorios vuelven a atormentar a Alfonso VI, que ve cómo su descendencia masculina desaparece. Urraca se convierte en la heredera universal, pero su condición de viuda resulta un serio inconveniente en un mundo dominado por hombres, por lo que era necesario buscarle un marido.



El candidato elegido fue Alfonso I "El Batallador", el poderoso rey de Aragón y Navarra. La urgencia militar, provocada por una nueva incursión almorávide en la meseta, y la necesidad de asegurar la descendencia castellano-leonesa, precipitaron la resolución de un enlace de gran calado político, pero sin la necesaria programación. Por otra parte, el deseo de Doña Urraca era el de contraer matrimonio con Gómez González, conde castellano con quien mantenía una relación amorosa de la que nacieron dos bastardos, pero nuevamente tuvo que sacrificar sus preferencias por el bien de la corona, lo que unido al carácter de su futuro marido, dio origen a una tormentosa relación que terminaría por hacer fracasar el pacto.



En un primer momento, los esposos se aplicaron en diseñar una carta programática que regulase institucionalmente una monarquía con dos titulares para un imperio hispánico, el resultado fue la carta de arras de Alfonso I y la carta de donación de Urraca, ambas firmadas en diciembre de 1109 bajo el valimento de Pedro Ansúrez. En estas capitulaciones, ambos cónyuges se otorgaban recíprocamente el reconocimiento del dominatus y principatum sobre sus respectivos estados y vasallos, como fundamento para ejercer ambos la potestas en los dominios del otro.



De esta manera nació un modelo teórico que hizo aguas al aplicarse en la práctica. Mientras en Aragón y Navarra no hubo resistencia, en Castilla y León se produjeron innumerables problemas. La razón es que el imperio hispánico seguía el modelo feudo-vasallático y de encomienda personal navarro-aragonés. Además, las altas jerarquías eclesiásticas y nobiliarias buscarán el apoyo del poder temporal próximo, convirtiéndose en un importante elemento perturbador. Por otra parte, la intervención interesada de la Iglesia generó fisuras por las que afloraron conflictos sociales de carácter antiseñorial, cuyos actores se alineaban con la facción política que les fuera más propicia. Los burgueses, artesanos y comerciantes se agruparán como defensa frente a la presión señorial en hermandades. No faltaron las violentas revueltas campesinas, escasamente organizadas, pero altamente dañinas.



El devenir del Pacto de Unión



En un primer momento, los esposos se esforzaron en sostener el llamado Pacto de Unión. En 1110, Alfonso I interviene en Galicia para sofocar la rebelión del levantisco Pedro Froilaz, conde de Traba, que defendía los derechos de su pupilo, Alfonso Raimúndez. Sin embargo, una incursión almorávide sobre Toledo y Zaragoza, donde el gobernador Imad al-Dawla tiene que huir a Rueda del Jalón, obliga al monarca navarro-aragonés a acudir al frente este con ayuda de las tropas de Doña Urraca, momento que aprovecha el noble gallego para presentarse en León con el objetivo de proclamar rey al joven heredero, pero fracasa.



Ese mismo año se publican los anatemas pontificios contra el reciente matrimonio. El arzobispo de Toledo, Bernardo de Sédirac, partidario de Alfonso Raimúndez por su afinidad con Raimundo de Borgoña, había denunciado el enlace ante Roma por parentesco entre los contrayentes. Alfonso I responde iniciando una dura campaña contra el clero cluniacense, proclive a la Santa Sede, que aprovechan sectores contrarios a la señorialización eclesiástica.



A todo ello se han de unir las primeras desavenencias del matrimonio, lo que obliga a reformular el pacto. Cada monarca tendría el dominio de sus propios estados, pero con potestas en los del otro, lo que obligaba a que Urraca y Alfonso tuvieran posesiones desde dónde ejercerlas. Con este propósito, la leonesa parte hacia Huesca y el aragonés se titula rey de Toledo, León y Castilla. En marzo de 1111, Alfonso I expulsa al abad de Sahagún, Domingo, para situar a su hermano Ramiro y en abril destierra a Bernardo de Toledo. Poco a poco, el Batallador va situando tenentes y guarniciones en Castilla y León, lo que comienza a preocupar a Urraca, que se decide a comprar la sumisión de nobles aragoneses como García Sánchez y conspirar con magnates castellanos, como la casa de Lara, para contrarrestar el dominio de su esposo. Este gesto no gustó a Alfonso I, que la encarceló en el Castillo de Peralta, en Huesca.



Con el apoyo de Gómez González y Pedro González de Lara, la reina huye a Burgos. Alfonso I se dirige con ayuda de Enrique de Borgoña, regente de Portugal, contra los castellanos, a los que derrota el 26 de octubre de 1111 en Candespina, donde muere el amante de Urraca. El conde de Traba, que se había aproximado a la reina, toma posiciones en los alrededores de Carrión y el arzobispo Gelmírez aprovecha la situación para ungir rey en Santiago a Alfonso Raimúndez, ofreciendo a su madre la cosoberanía.



Doña Urraca, que comienza a plantearse reinar junto a su hijo, consigue el apoyo del interesado Enrique de Borgoña y cerca a Alfonso I en el castillo de Peñafiel. Sin embargo, las altas pretensiones de su hermanastra Teresa de Portugal, esposa del aliado borgoñón, obligan a la leonesa a protagonizar una nueva reconciliación con Alfonso I para anular los pactos de Palencia.



A finales de 1111, tropas enviadas por Gelmírez y el conde de Traba someten el bastión alfonsino en Lugo y avanzan hacia León, pero son frenados por el aragonés en Viadangos. De esta manera, Alfonso I afianzaba su dominio en Castilla, León, Toledo y las extremaduras, pero no en Portugal y Galicia, lo que aprovecha de nuevo Urraca para preparar la contraofensiva. Consigue de nuevo la alianza con Enrique de Borgoña, depone al alfonsino obispo de Mondoñedo y dispone un nutrido ejército compuesto por tropas portuguesas, castellanas y cluniacenses para atacar a Alfonso I, al que derrota en Astorga. Además, intenta otorgar aquiescencia a un legado pontificio que pretendía convocar un sínodo hispánico en 1112 para exhortar a la disolución del condenado matrimonio.



El 22 de mayo de 1112 muere Enrique de Borgoña. Sin dilación, Urraca aprovecha la ocasión para reeditar con su marido Alfonso los acuerdos de Valtierra de 1110 y contrarrestar la influencia portuguesa. Las posesiones aragonesas en Castilla y León se reducen, Urraca vuelve a Huesca y no se celebra el sínodo.



Poco duraría la estabilidad, ya que Galicia se rebela contra la reedición del pacto y exige el reconocimiento de Alfonso Raimúndez como rey. Gelmirez derrota en la ría de Vigo a un contingente cruzado enviado por Alfonso I y Teresa de Portugal, viuda de Enrique de Borgoña, pacta con el conde de Traba para proponer como rey a su hijo Alfonso Enriquez, nacido en 1109. Fortalecida, la hermanastra de la leonesa propone un pacto a Alfonso I para postergar a su mujer, con lo que en el verano de 1112 se olvida el pacto de Valtierra.



Urraca esgrime sus armas, la pontificia y la gallega. En febrero de 1113, un tribunal romano falla contra la legitimidad del matrimonio y en abril, los partidarios castellano-leoneses de Alfonso I son excomulgados por el Papa Pascual II. Con ayuda de nobles gallegos, reúne un ejército que toma el castillo de Burgos el 23 de junio de 1112, con lo que se restablece el equilibrio de fuerzas.



El rey aragonés vuelve a proponer la reedición del pacto, pero Urraca lo rechaza por la oposición de Gelmírez, quien la amenaza con la excomunión. El modelo del pacto tocaba a su fin. En octubre de 1114, el arzobispo de Toledo decreta la separación matrimonial definitiva. Pero este fracaso no suponía la renuncia al imperio hispánico, sino únicamente un cambio de instrumento. Alfonso I se centra en liderar la cruzada contra el Islam, proponiéndose como objetivo dominar los accesos a la cuenca del Duero desde sus tenencias de Castrogeriz, Carrión, Segovia y Toledo.



Urraca se centra en reducir el dominio jurisdiccional del arzobispo de Braga, Mauricio, obstáculo para el ascenso de Gelmírez y soporte de Teresa de Portugal; pero tiene problemas añadidos, las revueltas sociales con epicentro en Sahagún. En 1115 celebra una curia regia en Astorga donde convierte a su hijo Alfonso Raimúndez en rey asociado, otorgándole la misión de liderar la cruzada contra el Islam. El infante se asienta en Segovia y Toledo. El plan diseñado por la leonesa se cumplió a la perfección. Arrincona a los nobles gallegos de Tuy y Limia, que sostenían a su hermanastra en Portugal; consigue el apoyo del Papa para garantizar el regreso del abad Domingo a Sahagún y acorrala a los aragoneses en Carrión. Sintiéndose poderosa, Urraca trata de contrarrestar la influencia de Gelmírez y del conde de Traba jugando la baza del descontento social. Los burguenses sitian al arzobispo en Santiago, obligándole a pactar. Acto seguido, ataca a los nobles gallegos del sur, que resisten gracias al apoyo del conde de Traba y de la condesa Teresa.



En octubre de 1116, una curia regia aprobaba la concordia y lealtad entre Urraca y su hijo para ejercer el condominio del reino y a finales de ese año firma un acuerdo con Alfonso I para renunciar a sus derechos sobre la taifa de Zaragoza a cambio de que el aragonés se retirara del escenario castellano-leonés. Un concilio reunido en Burgos en 1117 decreta la condena definitiva al extinto matrimonio.



La lucha contra el Islam



Este nuevo acuerdo permitió a ambos monarcas continuar su lucha contra el Islam. Antes, Urraca debía sofocar la revuelta burguesa contra Gelmírez con un ejército mancomunado con ayuda de su hijo Alfonso Raimúndez y el conde de Traba. Una ofensiva almorávide sobre Coimbra en 1117 repliega las ambiciones de Teresa de Portugal, lo que permitió a Urraca recuperar su dominio en Zamora.



Acto seguido, la leonesa reorienta su política hacia Castilla, su idilio con el conde Pedro González de Lara, con quien concibió otros dos bastardos, hace que este linaje adquiera protagonismo en detrimento de la facción gallega.



Alfonso Raimúndez confirma los fueros de Toledo, intitulándose emperador, mientras que el arzobispo de Toledo reconquista en su nombre Alcalá de Henares, aunque pierde Coria. Por su parte, Alfonso I toma Zaragoza en 1118 y Tudela y Tarazona en 1119. En julio, Gelmírez sitia a Urraca en León para imponer a su hijo Alfonso como único rey. Alertada, la reina alcanza un acuerdo con Alfonso I en otoño de 1119 a través del que recupera protagonismo en Segovia y Burgos e inicia la repoblación de la extremadura soriana.



El 27 de febrero de 1120, Calixto II traslada la sede metropolitana de Mérida a Santiago, lo que supone un espaldarazo para Gelmírez. En marzo, el Papa escribía una circular a todas las autoridades civiles y eclesiásticas de Hispania para reforzar los derechos regios de Alfonso Raimúndez, lo que refuerza la colaboración entre Urraca y su antiguo marido.



En junio de 1120, Urraca sitia a la condesa Teresa de Portugal en Lanhosa, iniciando de nuevo una ofensiva contra los magnates gallegos en Tuy. Aprovechando la victoria, apresa a Gelmírez y toma su señorío, pero Alfonso Raimúndez y el conde de Traba lo liberan. Sólo la intervención ocasional de Alfonso I, que afianza la repoblación soriana a favor de Urraca, hace que las cosas no fueran a mayores. El precio que tuvo que pagar Castilla y León fue el renacimiento del hegemonismo aragonés.

 
Reparto de poderes
 
La agresiva política de Urraca en Galicia forzó la alianza entre Teresa de Portugal y el conde de Traba, lo que suponía el dominio de la condesa sobre el valle del Miño, entre Orense y Tuy. Mientras, Alfonso I crea en 1121 el obispado de Sigüenza y sitia Tardajos, en Burgos.



La reina leonesa se presenta de nuevo en Galicia con sus tropas para lograr un acuerdo con Alfonso Raimúndez y Gelmírez, pero el arzobispo le amenaza con un interdicto por agresiones a la libertad eclesiástica si se reconciliaba con su hijo. En 1122, madre e hijo firman un condominio con Teresa en el valle del Miño al que posteriormente se uniría Gelmírez por temor al poder creciente del conde de Traba, al que consiguen derrotar. Una vez solventado el problema gallego, Urraca gobierna en León y gran parte de Castilla y Alfonso Raimúndez lo hace en la Extremadura duriense occidental y Toledo.



Derrotado Alfonso I en la batalla de Corbins, en el frente leridano, Urraca y Alfonso Raimúndez se lanzan en noviembre de 1123 hacia tierras fronterizas segovianas y toledanas, asediando y conquistando Sigüenza en enero de 1124. Así se aseguraban las rutas hacia el valle medio del Ebro, por lo que Alfonso I optó por ceder Medinaceli. Los castellanos frenaron la ambición del aragonés por Segovia y Toledo y abrieron la vía hacia las sierras de Molina y Albarracín, camino de Levante.



Volvía así el equilibrio de poderes hasta el 8 de marzo de 1126, día en el que muere en Saldaña la reina Urraca, a la edad de 44 años, como consecuencia de las complicaciones de un parto. Gelmírez y gran parte de la nobleza gallega proclaman heredero a Alfonso Raimúndez, que firma el pacto de Tamara, el 31 de julio de 1127, con Alfonso I, por el que éste cede su título imperial y se restablecen los límites de ambas monarquías.


www.arteguias.com




(Autor del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Mario Agudo)





viernes, 19 de agosto de 2011

Monasterios de España



Los monasterios en España constituyen un rico patrimonio histórico, artístico y cultural. Son testimonio de su propia historia religiosa y de la historia político-militar que se desarrolló tanto en la Edad Media como en tiempos anteriores, con la llegada y asentamiento de los visigodos. Los monasterios tuvieron un papel importante en la repoblación llevada a cabo por los distintos reyes y condes cristianos tras el avance de la Reconquista y el consiguiente retroceso de los musulmanes hacia el sur de la península.

Su presencia en la península data de los primeros siglos del cristianismo, cuando la primitiva vida eremítica dio lugar a la formación de comunidades religiosas y a la construcción de pequeños monasterios hispanos en los siglos VI y VII. Durante la repoblación, muchos de estos edificios evolucionaron, o incluso fueron levantados de nueva planta, hacia un estilo que tradicionalmente viene llamándose mozárabe


lunes, 25 de julio de 2011

Festividad de Santiago, Patrón de España




Santo Adalid, Patrón de las Españas,
Amigo del Señor;
Defiende a tus discípulos queridos,
Protege a tu nación.

Las armas victoriosas del cristiano
Venimos a templar
En el sagrado y encendido fuego
De tu devoto altar.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús,
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
Firme y segura
Como aquella columna
Que te entregó la Madre de Jesús.
Será en España
La santa Fe cristiana,
Bien celestial que nos legaste Tú.
¡Gloria a Santiago,
Patrón insigne!
Gratos, tus hijos,
Hoy te bendicen.
A tus plantas postrados hoy te ofrecemos
La prenda más cordial de nuestro amor.
¡Defiende a tus discípulos queridos!
¡Protege a tu nación!
¡Protege a tu nación!

jueves, 21 de julio de 2011

"Made in Spain"

Archivo:Garrote Execution - 1901.png


Si los franceses inventaron la guillotina, los españoles inventamos el garrote vil.

Mientras la guillotina causaba la muerte del reo seccionando su cuello,nuestro invento mandaba al otro barrio al condenado, rompiéndolo: una vez introducido el cuello en un collar de hierro, este se apretaba con un tornillo que tenía una bola al final, la cual, seccionaba la columna vertebral.



Ahora bien, mientras la guillotina no fallaba nunca en aquello para lo que había sido creada, el garrote no siempre causaba la muerte, pues su eficacia dependía en gran meddia de la fuerza física del verdugo y de la resistencia del cuello del pobre infeliz.



Aún así, el nada eficaz invento lo exportamos a otros lugares del mundo. En la foto que hoy publicamos pueden ver el momento en que se ajusticia a un reo en Filipinas a principos del Siglo XX.

Related Posts with Thumbnails