YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

martes, 27 de octubre de 2009

Huesos de santo




Los mazapanes, junto al turrón, están vinculados en nuestra cultura a las fiestas navideñas. Sin embargo, no sólo se consumen en esa época. Esta golosa mezcla de almendra molida y azúcar es una pasta muy moldeable antes de ser cocida, con unas propiedades parecidas a las de la plastilina. La tentación de hacer figuritas con ella es frecuente y en todos los países, no sólo en el nuestro, los artesanos han creado formas de lo más variado.
A algún anónimo inventor se le ocurrió moldear huesos de mazapán con el fin de hacer la competencia a los buñuelos en el día de difuntos, extendiendo así el consumo de este producto durante el ciclo de celebraciones que anticipa el cambio a la estación invernal.Hay pocos inventos de cocina cuyo origen e historia estén sujetos a una controversia más intensa que la del mazapán. Para unos, se trata de un pan de marzo y, según otros, es pan de maza, en alusión al paciente trabajo de molienda que requiere su elaboración. En cualquier caso, la etimología más probable viene del árabe manthaban.Manthaban se podría traducir por ‘rey sentado’. Según parece, los primitivos mazapanes de la Hispania musulmana solían llevar grabada la figura de un califa sedente. Descartando teorías chovinistas que pretenden atribuir su origen a ciudades determinadas, como Toledo o Venecia, no cabe duda de que este alimento es un producto mediterráneo, y bastante más antiguo de lo que algunos suponen.En Las mil y unas noches hay alusiones a un manjar exquisito que algunos interpretan como mazapán. Incluso, se quiere otorgar la patente de invención a griegos y romanos. Todas estas teorías, sin embargo, deberían tener en cuenta que el ingrediente principal, además de la almendra, es el azúcar y éste, hasta la explosión de los cultivos de caña americanos, era caro y poco común.Lo que sí está documentado es que el mazapán fue, hasta los siglos XIV o XV, un producto de farmacia que servía para recubrir ciertas píldoras de sabor amargo y disfrutaba de un gran prestigio terapéutico. Paralelamente, durante este tiempo fue también una golosina exquisita, pero exclusiva para los más pudientes.Sea cual sea su origen, algunas de las órdenes religiosas femeninas son las depositarias de este legado y siguen haciendo mazapanes deliciosos en sus conventos.
laverdad.es/gastronomia

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