YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

domingo, 21 de febrero de 2010

El U-31 en Santander

El submarino alemán U-31 en Santander. Foto gentileza de José Ramón González Martínez.




Si los submarinos deben ser máquinas de guerra discretas por definición, el U-31 de la Armada alemana (Deutsche Marine) lo es a conciencia. Negro, silencioso y letal, apenas deja rastro de su paso. No emite calor, ni huella electromagnética, ni gases y su hélice, un secreto de Estado, apenas hace ruido, lo que dificulta su seguimiento para los sónar enemigos.


Pero su cualidad más destacable es su sistema de propulsión y sus 'pulmones', que le permiten mantenerse sumergido más de un mes sin salir a la superficie, circunstancia hasta hace poco sólo posible para los submarinos nucleares.
El U-31 fue el primero de los de su clase, el tipo U212A, y también el primero del mundo en contar con un sistema de propulsión que no necesita de aire externo: sus motores eléctricos son movidos por células de combustible sobre la base de hidrógeno. Ello le permite esa extraordinaria permanencia de un mes bajo el agua: los submarinos diesel convencionales deben salir a superficie cada dos días para renovar el aire de su interior.
El submarino, de 56 metros de largo, 7 metros de altura y 6 de ancho, desplaza 1.800 toneladas y puede sumergirse hasta 400 metros de profundidad. En sus dos cubiertas aloja 27 tripulantes. Fue botado en octubre de 2005.
Su velocidad máxima de navegación es de 20 nudos (37 km/h) sumergido. Tiene una autonomía de 11.000 millas en superficie a 12 nudos de velocidad y de 250 millas sumergido, a 4 nudos. Dispone de 6 tubos lanzatorpedos y lleva 12 torpedos a bordo y 24 minas. Cada unidad cuesta unos 500 millones de euros y está fabricada en los astilleros Howaldtswerke-Deutsche Werft, en Kiel y Emden.
La Armada Española también utiliza esta tecnología para sus submarinos. El primero que la llevará, el S-81, será entregado en 2013 por el astillero Navantia.

Famoso antecesor

El buque lleva el nombre de un antecesor famoso. El U-31 de la Segunda Guerra Mundial fue el primer submarino que atacó un convoy, el 16 de septiembre de 1939, hundiendo el mercante británico SS Aviemore. Y probablemente fue también el primer submarino hundido dos veces: la primera en marzo de 1940 en aguas del mar del Norte por aviones de la RAF británica. Entonces murieron sus 58 tripulantes, incluidos trabajadores del astillero que navegaban haciendo pruebas del barco.
Tras ser reflotado en junio fue hundido definitivamente en noviembre por el destructor HMS Antelope en el mar de Irlanda.

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