YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La Tabernera del Puerto



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La tabernera del puerto, Romance marinero en tres actos, el último dividido en dos cuadros.
Libro de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Música de Pablo Sorozábal.
Estreno: 6 de mayo de 1936, en el Teatro Tívoli, de Barcelona.
Acción en Cantabreda, ciudad imaginaria del Norte de España. Época del estreno.

Personajes e intérpretes principales:
Marola, la tabernera, soprano (Conchita Panadés).
Abel, muchacho enamorado de Marola , tiple cómica (Estrella Rivera).
Antigua, esposa de Chinchorro, cantante cómica (María Zaldívar).
Juan de Eguía, padre de Marola, barítono (Marcos Redondo).
Leandro, enamorado de Marola, tenor (Faustino Arregui).
Chinchorro, patrón de barco, barítono cómico (Joaquín Valle).
Ripalda, dueño del Café, cantante cómico (Antonio Palacios).
Simpson, antiguo marinero, bajo (Aníbal Vela).
Verdier, antiguo marinero, barítono (Antonio Ripoll).

Argumento.
Acto I. Puerto de Cantabreda. El lugar esta vacío. Se oye el canto de los marineros que entran en la taberna de Marola. En el café de enfrente Ripalda, el dueño, habla con Verdier. Abel, un simpático adolescente toca el acordeón y canta la hermosura de Marola, la tabernera. Nadie conoce su origen; sólo se sabe que un día llegó al pueblo y que un bandido le puso la taberna de cuyo producto vive. El bandido es Juan de Eguía un antiguo marino. Del café sale, borracho, Simpson, un marinero inglés que hace algún tiempo corrió el mundo junto a Verdier y a Eguía. Los tres hablan de la necesidad de convencer a Leandro –un pescador enamorado de Marola– para salir a lo que llaman dar un paseo, a pasar contrabando. Mientras, Antigua, la mujer de Chinchorro, hace una escena a su marido por estar en la taberna. Se produce el encuentro entre Marola y Leandro que se declaran su amor. Abel también se le declara, pero Marola le ve como un muchacho –lo que realmente es– y tratando de no ofenderle, le rechaza. Tras estas dos escenas, un grupo de mujeres rodean a la tabernera. En realidad todas las mujeres del pueblo están en contra de Marola porque los hombres la siguen. La joven se defiende de las mujeres y les echa en cara la falta de atención a sus maridos, pero quien realmente zanja la discusión es Juan de Eguía que, después de agredir a Marola, suelta una carcajada y se disculpa diciendo que hay que estar a bien con la gente.

Acto II. Interior de la taberna. El local está animado y Juan de Eguía, tras hacer cantar a la tabernera, hace lo propio y expone su filosofía sobre las mujeres. Abel aparece y cuenta que Juan maltrató a Marola, lo que indigna a los hombres que salen en busca del marinero para pedirle cuentas. En la taberna hay cuatro marineros, negros porque proceden de un barco de la escuadra americana, Simpson los despierta y denuncia el maltrato de estos hombres. Al terminar, Simpson pone a Leandro sobre aviso: Juan pretende, utilizando a Marola, que haga un transporte de droga sin nada a cambio; sólo la cárcel si es sorprendido. Leandro, que sigue enamorado de Marola, pregunta a la mujer cual es su origen y el de Juan: Marola lo cuenta: es hija de Juan y llegó al pueblo tras un naufragio. Leandro convence a Marola para que huya con él. La aparición de Eguía enfrenta a los dos hombres y Eguía termina prometiendo a Leandro la mano de Marola si hace el transporte de la cocaína.

Acto III. Cuadro I. Leandro y Marola están en una pequeña barca cuando se desata una tempestad. Marola reza mientras el hombre trata de dominar la embarcación.

Cuadro II. La taberna está cerrada. Abel canta y recuerda que Leandro y Marola fueron atrapados por la tormenta en la cueva donde está la droga y a la que solo se puede acceder por mar. Juan de Eguía, absolutamente entristecido, grita a todos que Marola era su hija. Pero Simpson trae la buena noticia de que Leandro y Marola viven y han sido rescatados. Eguía confiesa y es llevado ante la justicia con lo que la pareja queda libre.

Comentario.
Antes de nada, hemos de comentar que en alguna publicación aparece como fecha de estreno el día 10 o el 16 de mayo; no son correctas según se desprende de la información de prensa que pueden consultarse en el Archivo Fernández–Shaw conservado en la Fundación Juan March.

La tabernera del puerto llegó a manos de Sorozábal por casualidad. Inicialmente, los autores del libro la habían ofrecido a Guridi pero éste estaba trabajando en su zarzuela Mari–Eli (texto de Carlos Arniches y Eloy Garay, estrenada en el teatro Fontalba, de Madrid, el 11 de abril de 1936) de ambiente similar. En consecuencia, el texto de La tabernera fue entregado a Pablo Sorozábal que vio en él “buenas situaciones musicales”, aunque el músico donostiarra hizo algún retoque, como sustituir un inicial número de vicetiples bailando claqué, por la magnífica romanza de Simpson ”Despierta negro”.

La crítica, una vez producido el estreno realizó su trabajo. Un cronista, que firma “Lara” escribió en El Diluvio, de Barcelona:

“Una partitura que no tiene desperdicio, altamente agradable, que se escucha con atención y penetra, adecuada y siempre, el ambiente de la obra. Toda ella perfectamente instrumentada, viéndose siempre el sello característico de un gran maestro como lo es Pablo Sorozábal”.

Tras el triunfo en Barcelona, y pasado el paréntesis de la guerra, La tabernera llegó a Madrid y subió al escenario del teatro de la Zarzuela el 23 de marzo de 1940, interpretada por Marcos Redondo (Juan de Eguía), Conchita Palacios (Marola), Manuel Gas (Simpson), Esteban Guijarro, (Leandro), Martelo, gracioso (Chinchorro), Valeriano Ruiz París (Verdier), María Zaldívar (Antigua) y Natividad Piñero (Abel).

Aunque no hemos encontrado ninguna referencia en la documentación manejada, es más que probable que los autores, especialmente Sorozábal, esperaran alguna reacción negativa hacia la obra, pues hubo momentos de tensión durante el estreno. Algunos críticos mostraron más interés en desacreditar al compositor por sus ideas políticas que en comentar los valores musicales de la zarzuela. Lástima, porque la obra gustó tanto y era tan atractiva que, según escribe Sorozábal en sus memorias, llegaron a pedirle que cediera los derechos de autor de La tabernera a la Falange.

La tabernera del puerto es una de las mejores obras del género grande. De los dieciséis números musicales de que consta hay varios realmente atractivos: la escena introductoria del primer acto que arranca con un coro de marineros (“Eres blanca y hermosa”) y en el que destaca la intervención de Abel; el dúo cómico de Antigua y Chinchorro “(¡Ven aquí, camastrón!”), página –como casi siempre ocurre– alejada de la línea argumental básica de la obra, pero simpática y chispeante y, el dúo de Leandro y Marola (“Todos lo saben”).

El segundo acto es un derroche de temas musicales pues contiene nada menos que cuatro importantes romanzas protagonizadas por Marola, Juan de Eguía, Simpson y Leandro, respectivamente. La primera, es la célebre “En un país de fábula”, en la que la protagonista está acompañada por un coro a boca cerrada; la de Juan de Eguia (“Con el chíbiri, chíbiri”), escrita después del estreno para el lucimiento de Marcos Redondo; la de Simpson “ (despierta negro”), uno de los más grandes momentos de la zarzuela escritos para la cuerda de bajo, y la de Leandro (“No puede ser”), página que figura en el repertorio de todos los grandes tenores españoles.

En el tercer acto merece la pena escuchar con atención el impresionante cuadro musical de la galerna, muestra de las habilidades creadoras de Sorozábal.

La tabernera del puerto es un verdadero drama lírico en el que están retratados una amable y enamorada tabernera, un padre autoritario y violento, las envidias de las mujeres del pueblo que desconocen el pasado de Carola y ven en su juventud y belleza un peligro para su tranquilidad, el amor apasionado de un muchacho capaz de todo por su enamorada, y el paisaje sonoro de un pequeño puerto marinero al que llega el drama.

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