YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Manuel Benedito: Autorretrato

Manuel Benedito. Autorretrato. 1902. Óleo sobre lienzo. Medidas s. d. Fundación Manuel Benedito, Madrid.


Manuel Benedito (Valencia, 1875 – Madrid, 1963) fue uno de los artistas más famosos de mediados del siglo pasado en nuestro país. Un pintor versátil y productivo formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y en el estudio madrileño de Joaquín Sorolla que, en sus inicios, compaginó la participación en Exposiciones Nacionales con trabajos como ilustrador. Más tarde, Benedito fue pensionado en la Academia de Bellas Artes en Roma, lo que le permitió recorrer Italia y aprehender la tradición clásica para, luego pasar a Francia, Bélgica y Holanda. De regreso a Madrid en 1904, se sucedieron los méritos: una primera medalla por su último envío como pensionado, otra en la Exposición Nacional de 1904, otra de segunda clase en la Exposición Internacional de Múnich en 1905, y, de nuevo en la Nacional de 1906, una primera medalla por Madre bretona. Ajeno a la ruptura con la tradición de muchos de sus contemporáneos, Benedito se encierra en la senda académica guiada por Sorolla, para convertirse en el máximo representante de realismo luminista tras la desaparición de su maestro. En 1905 el pintor viaja a Bretaña, a Holanda en 1909 y a París en 1910. Su presencia en el Salon des Artistes Français y en las diversas Exposiciones Universales y conmemoraciones internacionales celebradas en esa década le consagran como artista tradicional e, inmediatamente, su estudio parisino se convierte en una fábrica de retratos; entre ellos, el de Cleo de Merode, famosa bailarina de la Ópera de París. En el ocaso de esta demanda internacional, Benedito se establece de forma definitiva en Madrid, donde los encargos de retratos se suceden sin parar y es nombrado académico de la de San Fernando y la de San Carlos, así como miembro de la Hispanic Society de Nueva York. http://www.arsmagazine.com/

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