YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

viernes, 30 de mayo de 2014

Los amoríos del bandolero Luis Candelas en Santander




Luis Candelas  se hace en Santander amante de una dama de la alta sociedad que estaba casada.Ella rompe con él ante las sospechas de su marido y él le pide explicaciones. A la salida de misa de doce en la Catedral ella le insulta y él furioso le abofetea delante de todo el mundo en la escalinata del templo, tiene que huir perseguido por el cornudo marido, se marcha a Lisboa. Comete robos, pero no aguanta Portugal con lo que decide volver a Madrid.

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