YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

martes, 17 de junio de 2014

Un discurso muy especial



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El 25 de mayo de 1987, en plena Feria de San Isidro, tomó la alternativa el diestro sevillano Fernando Cepeda, que tuvo a Rafael de Paula como padrino y a José María Manzanares de testigo, perteneciendo los toros a la ganadería de Torrealta. Rafael de Paula, como padrino de la ceremonía, era el encargado de dar el tradicional discurso al nuevo diestro. Paula, que siempre se ha caracterizado por tener un carácter muy singular, apostó por una disertación tan insólita como sorprendente. Las palabras del maestro jerezano fueron las siguientes: “Fernando, no torees muchos años, gana mucho dinero y a todos éstos, refiriéndose a los espectadores que abarrotaban la plaza, que les den mucho por el culo”. El público, lógicamente ajeno al discurso del gran Rafael, no paró de aplaudir durante toda la ceremonia.
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