YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

lunes, 7 de julio de 2014

La casa montañesa

Archivo:Casa de Quijano.jpg
Casona en Viernoles. Se observa las carasterísticas típicas de la casona montañesa como el soportal con arquerías y la amplia solana con muros cortafuegos.


El tipo denominado como la casa montañesa, es una forma de construcción tradicional propia de La Montaña y extendida por las regiones de Cantabria y norte de Castilla y León, en el norte de España.




Tuvo su origen en los siglos XVI, XVII y XVIII, adquiriendo su mayor difusión a finales del siglo XIX y primer tercio del XX. Durante este última periodo, con el arquitecto Leonardo Rucabado, se populariza en Cantabria este tipo de arquitectura regionalista, determinada por la evocación historicista de la arquitectura montañesa de los siglos pasados. Esta corriente continuaría luego con su discípulo Javier González de Riancho
Este tipo de casa rural tradicional es la más característica de Cantabria. En ella destaca la fachada sur, abierta al sol y a la luz, mientras que las demás ofrecen gruesos muros de mampostería tosca. Las esquinas suelen ser de sillares con recercado en todos los vanos. La entrada se hace a través de un portalón de uno o dos arcos, con profundidad suficiente para dar cobijo al carro, aperos y leña, dando paso al estragal, a partir del cual se distribuye cocina, cuadra, bodega, despensa y escalera al piso superior. En algunas zonas, existen patines para acceder directamente desde el exterior a la planta superior.




En esta planta están los dormitorios, de los cuales los dos principales, además de la sala central, dan a la solana. Este es el elemento más típico de esta construcción. Se trata de un balcón corrido con barandilla de madera protegido de los vientos y lluvia por los muros laterales que vuelan a la par, a modo de resaltos pétreos del paño de la fábrica de la fachada, para dar sostén a una alero muy saliente, estando rematados en su parte inferior con una moldura a modo de ménsula que adopta generalmente la forma de talón.



En su parte superior, estos muros suelen estar rematados por unas molduras toscas pero de perfiles clásicos, sirviendo de apoyo a las vigas de borde como sujeción de los canes que configuran el alero. La madera, que lleva labores de talla y torno, suele estar pintada de marrón oscuro.


Muros laterales
Construidos a modo de cortafuegos bajo la influencia herreriana ya que Juan de Herrera era montañés.

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