YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

viernes, 31 de octubre de 2014

¿QUIÉN SE COMIÓ LA BALLENA? ¿LAREDO O SANTOÑA?


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Entre Santoña y Laredo siempre ha habido rivalidad por la proximidad que existe entre ambas villas, y cuando uno se quiere meter con los de Laredo es muy típico decir que ellos se comieron la ballena que varó en la playa de Santoña. Uno entiende que dicha ballena sólo fue para los de Laredo y que los de Santoña ni la probaron, y como tampoco se suelen dar muchos detalles de lo que pasó, nos propusimos investigar sobre el asunto y preguntar a familiares y conocidos, así como consultar algunos libros y periódicos. Este es el resultado:

Sobre las tres de la madrugada del 2 de noviembre de 1942, el señor Cachán, vecino del barrio de El Dueso, avisó a Tavio Valle de la presencia de un extraño bulto en la playa. Éste último, que se acercaba al paseo marítimo de El Pasaje para observar el estado de la mar y después salir a faenar con su embarcación, quedó muy sorprendido al contemplar entre el agua y la arena un ejemplar de ballena de 16 metros de longitud y 14 toneladas de peso.
Para impedir que las corrientes y la marea desplazaran al cetáceo, cogió un chicote de su bodega y amarró la ballena a un noray cercano al lugar. Como Tavio Valle era patrón de un pequeño vapor llamado Plus Ultra, procedió a remolcar aguas arriba a la ballena aprovechando la pleamar para trasladarla a un caladero, conocido popularmente como cagadero.



Al amanecer, la noticia se extendió rápidamente por toda la zona y multitud de personas acudieron a contemplar el espectáculo tan poco habitual. Incluso se cambiaron los horarios de trabajo y los escolares fueron dispensados de sus clases para poder acercarse al caladero.
La ballena fue subastada en la lonja Nuestra Señora del Puerto y adquirida por industriales de Santoña llamados Luis Maza y los hermanos Ambrosio y Vicente Herrería, que pagaron 2.500 pesetas, las cuales fueron entregadas a sus descubridores.
Posteriormente se despiezó la ballena en la fábrica de conservas de Luis Maza, para lo que fueron contratados varios hombres, entre ellos, Quico El Cano, Rufino Salgado y Nido. El carnicero Isaac Pila prestó varios cuchillos para que pudieran llevar a cabo la tarea. Mientras se realizaba el despiece, se observó la presencia de objetos metálicos, como alambres y tornillos, lo que dio pie a pensar que pudo haber sido confundida con un submarino y ser ametrallada desde un avión.
La cabeza fue detenidamente estudiada por un equipo de biólogos y trasladada a Santander, donde quedó depositada en el Centro Biológico.
Los numerosos curiosos que se encontraban en las inmediaciones de la fábrica, si bien reticentes en un principio a probar la carne del cetáceo, acabaron animándose a probarla, organizándose una pequeña merienda para todo el que quiso. El resto de la carne-8.000 kilos-fue salada para su conservación: 4.500 kilos fueron transportados por Manuel Valmaseda a Laredo, donde se vendieron a 5 pesetas el kilo; y 800 kilos fueron a Burgos para el ejército de Tierra. Los 2.000 kilos de aceite extraídos fueron comprados por un laboratorio de cosmética de Barcelona, que desplazó a Santoña un vehículo para su traslado.



CONCLUSIÓN


Por lo que parece, no fueron los de Laredo los únicos que comieron la ballena, y la mayoría de ellos compraron su carne a 5 pesetas el kilo. Esto es una muestra de cómo con el paso del tiempo y al pasar de boca en boca, los hechos se van trastocando hasta llegar a cambiar la historia casi por completo.
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