YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.
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sábado, 8 de junio de 2013

En la Expedición de Magallanes participó un marino de Santander...



En la fachada izquierda del Ayuntamiento de Sanlucar de Barrameda, junto a otros mosaicos de la gesta, se encuentra este, que hace mencion a Juan de Santander, de Cueto.

sábado, 23 de marzo de 2013

Fallece Joaquín González Echegaray, una figura clave de la cultura montañesa

Imágenes de la vida de Joaquín González Echegaray | Imagen 20
Foto:.eldiariomontanes.es





Fundador y primer director del Centro de Investigación y Museo Altamira Joaquín González Echegaray, nacido en Santander en 1930, ha sido fundador del Museo Etnográfico de Cantabria, presidente del Centro de Estudios Montañeses y del Instituto para las Investigaciones Arqueológicas. Fue el fundador y primer director del Centro de Investigación y Museo Altamira y vicedirector el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander, además de Deán-Presidente del Cabildo Catedralicio de Santander y miembro del Consejo del Instituto Español Bíblico y Arqueológico de Jerusalén.
 El historiador, escritor y arqueólogo ha fallecido este viernes, a los 82 años de edad, tras una larga enfermedad, y tras recibir, hace tan solo unos días, el título de doctor honoris causa de la Universidad de Cantabria 
El pasado 28 de febrero el Pleno de la Corporación municipal de Santander le nombró, por unanimidad, hijo predilecto de la ciudad, distinción que el historiador santanderino no ha podido llegar a recoger

jueves, 16 de agosto de 2012

Sixto Obrador Alcalde, pionero de la neurología española



Natural de Santander, Sixto Obrador hizo la carrera de Medicina en Madrid y realizó prácticas en el Instituto Ramón y Cajal. En 1934 obtuvo una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios y se fue a hacer la tesis doctoral a la Universidad de Oxford, junto al profesor Sir Charles Sherrington Su formación se completó con estancias y viajes por clínicas neuroquirúrgicas de Estados Unidos Francia, Alemania, América Latina, Suecia, Italia y Suiza.El doctor Obrador trabajó durante más de 35 años como neurocirujano y ostentó diversos cargos, como jefe de los Servicios de Neurocirugía del Instituto Nacional del Cáncer, de la Beneficiencia General del Estado y del Instituto de Investigaciones Clínicas y Médicas del profesor Jiménez Díaz, además de ser fundador junto con el doctor Ley Gracia, del primer instituto de Neurocirugía madrileño. Además, perteneció al equipo médico habitual del anterior jefe del Estado. En la actualidad era jefe del Departamento de Neurocirugía del centro de especialidades médicas Ramón y Cajal, de la Seguridad Social. «He puesto mucha ilusión en este centro, incluso en el matiz de que fuera denominado Ramón y Cajal -explicó-, ya que ha sido la personalidad más destacada de la medicina española, sobre todo, en relación con las disciplinas neurológicas.» Asimismo desempeñaba la cátedra de Patología Neuroquirúrgica en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

El doctor Obrador era partidario de una investigación coordinada para lo que pretendía contar con la colaboración directa de neurofisiólogos, neuropatólogos, neuroquímicos, neurólogos, psiquiatras, psicólogos y neuroanestesistas entre otros especialistas médicos.

El lema del neurocirujano  era que todo enfermo del sistema nervioso debe tener en España una buena asistencia neurológica y neuroquirúrgica especializada. Pese a que el aproximadamente centenar de neurocirujanos españoles son discípulos suyos, el doctor Obrador había dicho: «Siempre es necesario tener presente en nuestra labor la humildad e insignificancia de la propia obra. Apenas representa un corto y efímero eslabón de contacto entre pasadas y futuras generaciones. Estamos obligados a crear en todo momento el clima y el ambiente adecuados para el desarrollo futuro de nuestras disciplinas. Por esta razón he consumido mucho tiempo en la enseñanza y divulgación para los médicos.»

http://elpais.com/diario/1978/04/28/sociedad/262562416_850215.html

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Gerardo Diego en la presentación "oficial" de la Generación del 27 en el Ateneo de Sevilla



La llamada Generación del 27 se dio a conocer en el panorama cultural español alrededor del año 1927, con el homenaje que se dio al poeta Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla, en el que participó la mayoría de los que habitualmente se consideran sus miembros.

La nómina habitual del grupo poético del 27 se limita a diez autores: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, pero hubo también muchos otros escritores, novelistas, ensayistas y dramaturgos, que pertenecen a la Generación del 27, generalmente encabezada por Max Aub a quien le siguen algunos más viejos, como Fernando Villalón, José Moreno Villa o León Felipe, y otros más jóvenes, como Miguel Hernández. Por otra parte algunos otros han sido olvidados por la crítica, como Concha Méndez-Cuesta, poetisa y escritora de teatro, Juan Larrea, Mauricio Bacarisse, Juan José Domenchina, José María Hinojosa, José Bergamín o Juan Gil-Albert. O la conocida como Otra generación del 27, según la denominación que le dio uno de sus integrantes, José López Rubio, la formada por los humoristas discípulos de Ramón Gómez de la Serna, es decir, Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Miguel Mihura y Antonio de Lara, «Tono», los escritores que en la posguerra integraron la redacción de La Codorniz... y son solo unos pocos.







domingo, 2 de enero de 2011

Cioli, el "guardián" de La Magdalena





Tomado de http://www.facebook.com/pages/Cioli/56646500271?v=info


Son muchos los ilustres que se han ganado a pulso ocupar los primeros puestos en el ‘Libro de Familia’ de Santander. En la historia más reciente de esta ciudad José Sanz Tejera ‘Cioli’ es uno de ellos. Más de seis décadas lleva este santanderino, de la calle del Sol, sin apenas faltar un solo día a su cita con la playa, la de La Magdalena, claro. Panadero de profesión y socorrista por devoción, más de un centenar de personas le deben la vida. Sus amigos destacan su humildad, generosidad y gran humanidad como principales rasgos de su carácter. Altruista hasta la ‘médula’. Por algo será.
“Empecé de niño ayudando a mi madre a repartir el pan en Castelar. Con 9 años, cuando libraba, me iba a Puertochico a mirar los barcos, limpiaba el pescado y después lo vendía, y de allí me iba al cine. Cuando los barcos no salían ayudaba a peinar bolos en la bolera de David (ubicada en el solar que ahora ocupa la Diputación). Y con unos 12 años, en la rampa de San Martín, aprendí a nadar”. Así es como Cioli recuerda el nacimiento de un ‘idilio’, con la mar, que ha durado más de siete décadas.
No sería nada extraño pensar que un joven José Sanz Tejera se levantó un día de buena mañana y se propuso, a partir de ese instante, bajar todos los días a la playa a ‘pegarse’ un baño, hiciese el tiempo que hiciese. Aunque no se lo planteó así, a sus 87 años su historia ha estado marcada por este peculiar estilo de vida. No se sabe si Cioli escogió esta vida o fue ésta la que le escogió a él. ¿Estaba predestinado? El lo tiene más que claro: “Si volviese a nacer haría lo mismo. He sido y sigo siendo muy feliz”.
Admirado, querido y respetado por una ciudad que le ha rendido pleitesía en numerosas ocasiones, a Cioli, con esa humildad que lleva por bandera, siempre se le iluminan los ojos cuando cuenta orgulloso cómo en su día a día las gentes de esta tierra, de varias generaciones, le buscan con la mirada para ser correspondidos con ese afectuoso saludo que este hombre tiene siempre preparado para quien lo requiera… que no son pocos.
Su labor como socorrista empezó de manera casual. A principios de la década de los 50, cuando Cioli y su cuadrilla de amigos se dirigían al ‘baile’ que cada fin de semana tenía lugar en Somo y en Pedreña, divisaron a tres personas que tenían dificultades para salir del agua. Dos de ellos consiguieron salir, pero al tercero hubo que ir a ayudarlo. “La mar estaba bastante revuelta y las olas me devolvían a la orilla cada vez que me metía en el agua para rescatarle. Al final, con la ayuda de un neumático que me dejaron logré sacarle”, comenta Cioli. Fue ahí cuando se empezó a forjar su leyenda. Desde entonces, cuando había alguna emergencia, al grito de “Cioli, Cioli…” se requería su presencia para que acudiera al auxilio de algún bañista. Y si no, un consejo a tiempo siempre podía evitar males mayores. Nadie mejor que él para saber que muchas de las emergencias se debían a esas pequeñas imprudencias de la gente. “Algunas veces he avisado de que estaban cometiendo una imprudencia, no me han hecho caso y he tenido que ayudarles a salir del agua, aunque la mayoría de las veces no pasaba”, cuenta Cioli con gesto de condescendencia.
Altruismo
A lo largo de su vida son incontables las ocasiones en las que ha acudido a socorrer a alguien, pero en su haber cuenta con unos 140 rescates. “No los he contado nunca, normalmente me enteraba de quién era la persona a la que había socorrido por los periódicos. Nunca he dado importancia al hecho de salvar a más o menos gente”, afirma Cioli. Sobre este particular da buena cuenta Juan Arrollo –uno de sus grandes amigos- cuando dice como “estaba aquí hiciese el tiempo que hiciese sin darse ninguna importancia, y cuando había algún problema el que estaba para todo era Cioli”.
Uno de los capítulos que el propio Cioli recuerda con más cariño, y que demuestran ese lado tan humano que sus amigos le reconocen, es el que tuvo como protagonista a un perro: “Venía del Sardinero y cuando estaba llegando a La Magdalena me avisaron de que un boxer se estaba ahogando. Llevaba más de media hora atrapado en el ‘muerto’ de uno de los barcos. Cuando lo vi se me cayó el alma a los pies. Apenas le quedaban fuerzas. Al acercarme me enganchó con las pezuñas –enseña los brazos con las cicatrices aún visibles- y cuando logré desengancharle le dije: Ahora campeón te voy a soltar y vas a nadar solo. Pues llegó antes que yo a la orilla y luego me lo agradeció a su manera. Muchas veces son mejores que las personas”. También guarda en la memoria alguna que otra mala experiencia, como las dificultades que tuvo para rescatar a un ‘tipo’ que pesaba unos 115 kilos.
La playa de La Magdalena
El centro de operaciones de José Sanz siempre fue el Balneario de la playa de la Magdalena, y es allí donde ha pasado media vida; la otra media, hasta que se jubiló, fue panadero. “He trabajado 46 años de panadero y el resto de mi tiempo libre he sido socorrista”, afirma. Ahora sigue disfrutando de este emplazamiento, pero de otra manera. “Allí es donde he hecho la vida. Es mi segunda casa. Siempre he estado muy a gusto, he sido millonario en amigos”, reconoce. Ramón de la Piedra, dueño del Balneario, corrobora esta versión: “Para nosotros es uno más de la familia, el Balneario es su casa. La relación ha existido desde siempre, llevamos 30 años llevando este negocio y hemos convivido día a día con él, con sus anécdotas…”. Como aquella que cuenta Ramón, con una sonrisa de oreja a oreja, en la que un bañista que estaba cogiendo mejillones tuvo la idea de meter todos lo que iba recolectando en el bañador, con tan mala suerte que uno de ellos se ‘agarró’ a sus partes. Tras varios infructuosos intentos de liberar al cazador cazado, Cioli solucionó la ‘papeleta’ echando agua oxigenada.
Pero no sólo estaba en la playa con sus prismáticos amarillos para asegurarse de que no ocurriese nada, también hacía, y hace, las veces de hombre del tiempo, como lo atestigua Ramón de la Piedra, para quién “además de su generosidad en el socorrismo, mucha gente viene a preguntarle el tiempo que va hacer al día siguiente. Es una persona muy cariñosa y muy querida”. En definitiva, Cioli es una ‘parte’ fundamental de la playa de La Magdalena. Sería, de alguna forma, el protagonista de esa postal de la playa con el balneario de fondo. El gerente del mismo también la imagina, pero cambiando el orden de aparición: “Yo pondría primero a Cioli. Es una persona muy humana, generosa y que se ha dedicado dentro de sus posibilidades a ayudar a los demás”.
Reconocimientos
‘El Ayuntamiento de Santander a Cioli, salvador de cien vidas. Santander, 1983’. Así reza una placa que se encuentra en uno de los accesos a la playa situados en la avenida Reina Victoria. Este es uno de los múltiples homenajes, quizás el más significativo por el emplazamiento del mismo, que ha recibido a lo largo de su vida. A Juan Arrollo no le extraña que Cioli reciba tantas muestras de cariño, para él es una “de las mayores instituciones que hay en Santander. Es una persona conocidísima a todos los niveles. Todos los alcaldes le han querido y respetado mucho.
Es una persona que irradia mucha ternura”. Pero, para Juan, el mejor reconocimiento que se le puede hacer es en el día a día “charlar con unos y con otros… Si ahora le llevas a correos a coger una carta, del aparcamiento al interior le paran unas 40 veces, todo son besos, saludos, cariño… Ahora cualquier chaval joven que pasa por delante de él siempre le dirige un saludo. Es entrañable”.
Hoy en día Cioli pasa sus días en la Residencia Marcano, pero basta que asome un rayo de sol por la ventana para que a primera hora de la mañana ya se esté preparando para pasar el día en La Magdalena. Juan Arrollo, que le conoce bien, tiene claro que sino fuera por la playa, el salvamento y los amigos, Cioli sería “otro anciano más de 87 años que vive en una residencia. Otra persona de su edad pasaría más desapercibida, pero él es una figura que enternece, que hace mucho por los demás. Es llana, sincera e íntegra. Lleva el altruismo por bandera. Jamás ha hecho nada por una recompensa”.
El día a día de José Sanz Tejera se centra en quedar con sus amigos, charlar, leer el periódico y, porque no, discutir de fútbol. Y sabe bien de lo que habla, ya que ha sido el invitado de honor en algunos de los partidos más importantes que ha disputado su equipo, el Racing de Santander. “Tiene una fortaleza física y una memoria impresionante. La vida que tiene él ahora mismo es muy buena y, además, es la que él ha querido. Y ese es el secreto de la vida”, destaca Juan Arrollo.
Pero no todo es de color de rosa, siempre tiene que haber algún episodio desagradable y en la memoria de los cántabros siempre quedará grabado aquel incidente ocurrido hace años en un light night muy conocido. Al igual que la mayoría de la gente a la que se le pregunta por este ‘mal sueño’, Juan Arrollo, que todavía no da crédito a lo que ocurrió, muestra, hoy en día, su más absoluto rechazo: “Intentar ridiculizar a una persona sencilla para ganar audiencia me parece lo peor. No hubo derecho a que hicieran aquello. Hay que enterarse bien de quién es Cioli, una persona que expone la vida para ayudar a los demás, y que sólo por eso merecería un monumento”.
Pero José Sanz Tejera ‘Cioli’ tampoco le da mucha importancia. Cuando se le pregunta quién es, su respuesta no deja ningún resquicio para la duda: “Uno que se dedicó a salvar gente, siempre de una forma altruista, sin cobrar ni pedir nada a cambio”.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Vital Alsar





Vital Alsar Ramírez nació el 7 de agosto de 1933 en la Calle Alta de Santander, (España).

Toda su vida ha estado vinculada a la naturaleza y al mar. Se hizo profesor mercantil, a pesar de que nunca llegó a ejercer como tal.

Durante la mili en Marruecos, leyó un libro sobre la Kon-Tiki: la expedición que Thor Heyerdahl realizó sobre una balsa a lo largo del Pacífico. Fue esta lectura la que provocó su interés por imitar la proeza.

En el tiempo que pasó desde que acabó el servicio militar, hasta que comenzó sus viajes, pasaron pocos años en los que vivió en Francia, Stuttgart, Hamburgo, y Canadá. Fue aquí donde conoció a Marc Modena, quien sería su compañero de viaje.

Expediciones

Ecuador-Australia, La Pacífica

Su primera aventura tuvo lugar en 1966 con todos sus ahorros y justo un día después de casarse, cuando a bordo de una simple balsa La Pacífica, pretendía cubrir el trayecto entre Ecuador y Australia. Aquella expedición se convierte en un grave fracaso debido al ataque del gusano teredo a la madera de su embarcación, la balsa naufragó después de 143 días de navegación.

Ecuador-Australia, La Balsa

No obstante, un segundo intento en 1970, sobre una nueva balsa La Balsa, sí que terminó con la llegada de esta al puerto australiano de Moololaba cruzando el Océano Pacífico. Fue el resultado de 161 días de viaje y 8.565 millas de navegación, a pesar de que se achacó su éxito a la casualidad.

Ecuador-Australia, Las Balsas

Repitió la hazaña tres años después. En este tercer intento no fue una sola balsa, sino tres que partieron de Guayaquil (Ecuador) y alcanzaron las costas de Ballina (Australia) en 179 días de navegación.

México-España-México, Mar, Hombre y Paz

Más adelante, substituyó las balsas por galeones, para llevar a cabo el proyecto "Mar, hombre y paz" que nació el año 1980. En él, llevó el trapo blanco alrededor del mundo, a bordo de La Marigalante.

Dicho barco se construyó en la Ciudad y Puerto de Alvarado, Veracruz, en México, bajo la supervisión del Constructor Naval Oscar Camarero.

La embarcación Marigalante, es un barco del tipo Nao que evocaba al barco de Colon la Santa Maria.

Unos de los momentos mayor relevancia de esta expedición de Vital Alsar, es el devolver el barco al Don Juan de la Cosa, así como cumplir el pago prometido por Colon al primer marinero que avistara tierra que fue Rodrigo de Triana.

Otros acontencimientos celebrados por la Nao Marigalante, es la celebración de un aniversario más de la Ciudad de Cantabria, lacelebracion de los 500 del descubrimiento de América, llevará arenas Americana a un monumento en Cantabria y commemorar las relaciones bilaterales entre México y el japón.

"El Niño, La Mar y La Paz"

En 2009 cruza el Atlántico y el Mediterráneo a bordo del trimarán de nombre "Zamná" ( Dios Maya del Conocimiento )como portador de un mensaje de paz de los pueblos indígenas americanos al mundo, en una travesía a vela de 15.000 millas náuticas partiendo de Cozumel (México) y terminando en Atenas

Premios y reconocimientos

Ha recibido múltiples premios por su trayectoria, entre los que destacan el de la Sociedad Geográfica Española, o el de Adena Internacional, de la Sociedad Protectora de la Naturaleza. Este último, representado por un "Delfín de Oro" de Dalí, lo compartió con Philippe Cousteau

Actualmente reside en Veracruz, México.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Vital_Alsar"

lunes, 6 de diciembre de 2010

Don Sixto Córdova y Oña





Nacido en Santander, ingresó en el Seminario de Corbán a la temprana edad de 12 años, institución de la que pasaría a ser profesor entre los años 1891 y 1905. En 1896 se graduó en Teología en Toledo y en 1905 tomó posesión como párroco de Santa Lucía, en la capital cántabra, donde ejercería su labor pastoral durante medio siglo. Es autor del Cancionero popular de la provincia de Santander, magna obra publicada entre los años 1949 y 1955 en cuatro volúmenes. Las tareas de investigación musicológica llevadas a cabo por Córdova comenzaron en plena juventud, hacia 1885, y se desarrollaron hasta mediados del siglo XX, con un incansable peregrinaje por todos los rincones de Cantabria. Sin duda es esta su obra fundamental pero cabe reseñar también su dedicación a la investigación histórica, que se materializó en títulos como ‘Santander, su catedral y obispos’ (1929), ‘La Restauración de España: Fernando III El Santo’ (1949) y ‘Danza de seises’ (1955). Fue, además, un gran aficionado a la fotografía.

Le fue reconocida en vida, en alguna medida, su valía. Así, fue Consultor del Obispado de Santander desde 1917 y Colaborador honorario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde 1948. Pero quizá el mayor honor lo ha recibido apenas hace unos meses, el 6 julio de 2010, cuando han sido trasladados sus restos al Panteón de Personas Ilustres del Cementerio de Ciriego, cumpliéndose así la decisión del pleno de la Corporación santanderina, aprobada por unanimidad el 27 de agosto de 2009. En ese acto solemne, tras las palabras del Alcalde de Santander, el investigador Jerónimo de la Hoz evocó a Córdova como persona amable, abierta, que despertaba simpatías, y que estuvo en contacto con intelectuales de su época como Pereda - de quien se reconocía discípulo-, Menéndez Pelayo, Jesús de Monasterio o Concha Espina.

El ‘Cancionero de la provincia de Santander’ es una obra histórica de referencia ya imprescindible, tanto para Cantabria como para la tradición musical de las tierras del noroeste de la península Ibérica. De hecho, es cita obligada en cualquier trabajo de recopilación o estudio que se precie sobre la música popular española en el área que se señala. El ‘Cancionero’ destaca junto a otras importantes obras de recopilación de música popular editadas durante la primera mitad del siglo XX - como los Cancioneros de Burgos, de Federico Olmeda; de Salamanca, de Dámaso Ledesma, y de Asturias, de Eduardo M. Torner-, tanto por su contenido musical como por la cifra de melodías que recoge, un total de 1183 documentos musicales o tonadas.




Fuente: www.fundacionmbotin.org

lunes, 22 de noviembre de 2010

Concha Espina




Concha (María de la Concepción Jesusa Basilisa) Espina nace en Santander el 15 de Abril de, 1869, 1877, o 1879, (la segunda es la más probable).

Hija de Víctor Rodríguez Espina y Olivares y Ascensión García Tagle y de la Vega y es la séptima de diez hermanos. A los trece años comienza a escribir versos, y el catorce de mayo de 1888 publica por primera vez, en El Atlántico, unos versos bajo el anagrama Ana Coe Snichp . A lo largo de sus colaboraciones con más publicaciones llegará a usar cinco seudónimos.

En 1891 fallece su madre y al año se trasladan a Ujo, Asturias, donde el padre trabajará como contable en las minas. Dos años después, el 12 de enero, se casa con Ramón de la Serna y Cueto en Mazcuerras, Santander, y se van a vivir a Chile. En noviembre de 1894 nace su primer hijo, Ramón y en enero de 1896, Víctor. En 1898 vuelven a España. En 1900, viviendo en Mazcuerras, nace José, que fallecerá muy pronto, y en marzo de 1903, nace su única hija, Josefina.

Escribe su estudio Mujeres del Quijote en 1903 y sus poemas Mis flores , al año siguiente. Se traslada a Cabezón de la Sal. Colabora con varios diarios, La Atalaya , El Cantábrico , etc. En 1907 da a luz a Luis, su último hijo. Publica su primera novela, La niña de Luzmela , en 1909 y se traslada a Madrid, Ramón a Méjico y su matrimonio está ya roto. El 9 de Diciembre de 1918 estrena al obra de teatro El jayón , basada en un cuento suyo. Sólo aguanta cuatro representaciones, pero será convertida en un ópera estrenada en Río de Janeiro en 1929, con música de Mignoni y titulada L'Innocente.

En 1920 su padre fallece. Concha, Emilia Pardo Bazán, y Blanca de los Ríos, firman una petición para que le sea concedida la Gran Cruz de Alfonso XII a la famosa actriz María Guerrero. Viaja a Berlín. En 1924 el Premio de la Real Academia Española por Tierras del Aquilón , se une a su nombramiento como hija predilecta de Santander y le es otorgada la Orden de Damas Nobles de María Luisa.

Puede haber sido candidata a la RAE en 1928. Al año siguiente es invitada por el Middlebury College a hablar de su nueva novela, La virgen prudente , y Alfonso XII le pide que lleve un mensaje a los pueblos de habla hispana.

Ese mismo año, y al siguiente también, es propuesta para el Premio Nobel . En julio de 1934 se separa jurídicamente de su marido y en 1937 le comunican que este ha fallecido. En 1938 es nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y comienza su ceguera, es operada y recupera la vista, pero en 1940 se queda completamente ciega.

Se reintenta, en 1941, su admisión en la RAE , otra vez sin éxito alguno. En 1950 recibe la Medalla del Trabajo. Fallece el 19 de mayo de 1955.

Obras
Singladuras
La eterna visita
Mujeres del Quijote, 1903. Ensayo.
Mis flores, 1904. Poesía.
La niña de Luzmela, 1909. Novela.
Despertar para morir, 1910. Novela.
Agua de nieve, 1911. Novela.
La esfinge maragata, 1914. Novela.
Ganadora del Premio Real Academia Española
La rosa de los vientos, 1916. Novela.
El jayon, 1916. Novela.
Simientes, 1918. Artículos.
El jayon, 1918. Teatro.
Ganadora del Premio Real Academia Española 0
Dulce nombre, 1921. Novela.
El caliz rojo, 1923. Novela.
Tierras del Aquilón, 1924. Novela.
Ganadora del Premio Real Academia Española
Cura de amor, 1925. Novela.
Arboladuras, 1925. Novela.
Arboladuras, 1925. Novela.
Arboladuras, 1925. Novela.
Las niñas desaparecidas, 1927. Novela.
El arte de robar (Cura de amor), 1928. Novela.
La virgen prudente, 1929. Novela.
Siete rayos de sol, 1930. Novela.
Copa de horizontes, 1930. Novela.
Entre la noche y el mar, 1933. Poesía.
Candelabro, 1933. Novela.
La flor de ayer, 1934. Novela.
Retaguardia, 1937. Novela.
Casilda de Toledo, 1938. Novela.
Luna roja, 1938. Novela.
El desierto rubio, 1938. Novela.
Las alas invencibles, 1938. Novela.
Reconquista, 1938. Novela.
Esclavitud y libertad, diario de una prisionera, 1938. Novela.
Princesas del martirio, 1939. Novela.
La tiniebla encendida, 1940. Teatro.
El metal de los muertos, 1941. Novela.
Moneda blanca, 1942. Teatro.
La otra, 1942. Teatro.
El fraile menor, 1942. Novela.
Victoria en América, 1944. Novela.
La segunda mies, 1944. Poesía.
El más fuerte, 1947. Novela.
Un valle en el mar, 1949. Novela.
Ganadora del II Premio Cervantes 0
Una novela de amor, 1953. Novela.
Aurora de España (La virgen prudente), 1955. Novela.

Fuente:http://escritoras.com

martes, 19 de octubre de 2010

Marcial Solana

Marcial Solana y González-Camino (7 de octubre de 1880, Santander, España - 16 de octubre de 1958) fue un polígrafo español, académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Naturales y Políticas y Presidente del Centro de Estudios Montañeses.

Marcial Solana estudió Filosofía y Letras y Derecho en la recién creada Universidad de Deusto, acabando las respectivas carreras en los años 1899 y 1902, y doctorándose posteriormente en la Universidad Central.

También perteneció a la Sociedad Menéndez Pelayo, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y el Patronado de las Cuevas Prehistóricas, entre otras asociaciones y organizaciones. Por su entrega a las tareas científicas obtuvo el "Premio Echegaray" (1940) y el premio del Conde de Torreanaz, entregado por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1928).

Fue cronista del Valle de Villaescusa, y allí fundó un sindicato agrario del que sería presidente. Intervino en la vida pública representando a Santander en las Cortes en 1916, y fue alcalde del Ayuntamiento de Villaescusa en la primera década del siglo XX.

Murió el 16 de octubre del año 1958, legando todos sus bienes al Obispado de Santander.

Sus obras literarias se centran en cuestiones teológicas, sociales y políticas. Escribió, entre otras:

"La resistencia a la tiranía, según la doctrina de los tratadistas del Siglo de Oro español" (Madrid, 1933).
"Estudios sobre el Concilio de Trento en su cuarto centenario"; "Valor teológico de la tradición".
"Un abad santanderino en el Concilio de Trento" (Santander, 1946).
"Historia de la Filosofía española. Época del Renacimiento (siglo XVI) (Santander-Madrid, 1940,1941).
"La doctrina estética de Balmes" (1944).
"Doctrinas discordes de Balmes y Comellas acerca de la evidencia" (1948).
"Apostillas de Menéndez Pelayo a los estudios sobre filosofía de Santo Tomás, por el M. R. P. F. Ceferino González".
"La filosofía de Menéndez Pelayo a través de sus juicios de autores y sistemas".
"La españolización de España por la tradición" (1932).
"El tradicionalismo político español y la ciencia hispana" (Madrid, 1951).
"El escudo de la ciudad de Santander" (Santander, 1922).
"La heráldica del Real Valle de Villaescusa" (Santander, 1952).
"Balmes y La Montaña" (Santander, 1949).
"Acuarelas y grabados heráldicos de mi archivo" (Santander, 1953).
"Un pleito interesante para la historia del santuario de Socabarga" (1945).
"Don Tomás Antonio Sánchez, según sus cartas" (1926).
"El arzobispo don Joaquín de Santiyán, según sus cartas íntimas" (Santander, 1932).

http://es.wikipedia.org

lunes, 6 de septiembre de 2010

José Simón Cabarga





José Simón Cabarga (n. Santander, Cantabria, 25 de diciembre de 1902 - † Madrid, 24 de septiembre de 1980), fue un periodista español, historiador, crítico de arte y cronista de la ciudad de Santander.
Nació en Santander, Cantabria (España) el año 1902. Tras los estudios primarios, cursó tres años de Comercio en los Salesianos. En 1920 aparece su primera colaboración en el periódico El Cantábrico. En 1921 publicó su primera reseña periodística en El Pueblo Cántabro (1921-1926) comentando una exposición de Pancho Cossío, estrenando el seudónimo «Apeles». No obstante, en los primeros años era más conocido por su habilidad como caricaturista, entre el grupo de jóvenes inquietos que animaban los salones del Ateneo de Santander.En 1924 obtuvo el título oficial de periodista.

El primero de octubre de 1926 se incorporó en la redacción de El Diario Montañés (1926-1942) de la mano de su director, Joaquín Arrarás, interesado en alguien con las inquietudes artísticas y literarias de que venía haciendo gala Simón Cabarga, quien tanto improvisaba con ingenio y claridad, como era capaz de trabajos enjundiosos y reflexivos. Colaboró en la renovación del periódico desempeñando toda clase de cometidos, desde la crónica de sucesos a la crítica de teatro o exposiciones.

Entre las diferentes secciones del periódico, una de las más destacadas fue la dedicada a la defensa del campo montañés, y muy especialmente de su ganadería. Probablemente de ahí partieron los conocimientos que desembocaron en su nombramiento como Secretario General de la Primera Feria de Muestras y Manifestación Agropecuaria de Santander, que tuvo lugar entre el 25 de julio y el 19 de agosto de 1932.

Buena prueba de su capacidad e iniciativa, así como de la estima en que lo tenían los colegas de su profesión, fue que lo nombraran responsable del órgano de expresión de la Asociación de la Prensa de Cantabria:cuando se creó la Hoja del Lunes en 1935, Simón Cabarga fue su primer director. Hasta poco antes de fallecer siguió colaborando en el periódico semanal con artículos de fondo, generalmente sobre temas históricos, la última serie de los cuales firmó con el seudónimo «Pedro de Becedo». Además de los dos ya citados, también utilizó en ocasiones el seudónimo «Jesús Ponte».

En 1938 inició la exploración del Archivo Municipal en busca de noticias sobre el pasado de la ciudad. Lo que había comenzado como mera curiosidad, pronto se convirtió en una apasionada investigación. No tardó en sistematizar la toma de datos en las Actas del Ayuntamiento y en la Biblioteca Municipal, donde trabajó intensamente en la "Colección Pedraja" y la Hemeroteca Cántabra. Con método admirable fue acumulando cuadernos, fichas e índices. La noche del 14 de febrero de 1941 el fuego que asoló la ciudad (Fotografías de Samot)redujo a humo el producto de tres años de trabajo intenso y entusiasta. Tardó casi dos años y medio en reemprender la tarea. Para entonces ya había sido captado en 1942 para formar parte de la redacción de Alerta(1942-1973).

En 1945 la Asociación de la Prensa de Barcelona, con motivo de la "Fiesta de las Letras de Barcelona", le otorgó su Premio Anual por el trabajo «Desde Vitoria a los Vosgos (El diario de un prisionero de Napoleón Bonaparte)» y el año siguiente, 1946, salió su primer libro sobre la ciudad, «Guía de Santander», tantas veces reeditado, por el que le otorgaría un premio el Ayuntamiento de la capital de Cantabria. Dos años más tarde, 1947, superó las pruebas para conseguir el puesto de Director del Museo Municipal de Bellas Artes. Transformó la heterogénea entidad provinciana en una valiosa pinacoteca. Desde el primer momento emprendió una profunda remodelación y reorganización de sus fondos, imponiéndose un plan de trabajo muy exigente, encaminado a la recuperación, no sólo de la obra de los pintores regionales de mayor calidad, sino también de sus biografías.

Tenía una capacidad de trabajo impresionante. Sus ocupaciones no le impedían acudir a las reuniones del Ateneo y del Centro de Estudios Montañeses (siempre se glorió de pertenecer al C.E.M. donde se le cita entre los miembros más destacados), ni ser el principal animador de las tertulias y exposiciones que tuvieron lugar en el «Saloncillo de Alerta».

Entre las diversas exposiciones de pintura que montó, tuvo especial relieve la dedicada en 1956 a «Pintores Montañeses, 1856-1956». En 1958 logró cambiar el nombre al museo, por el que desde entonces ostenta: "Museo Municipal de Bellas Artes de Santander". Por aquellas fechas, ya había sido nombrado Académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras(1955), y había publicado los dos primeros y primordiales libros, dedicados al lugar que lo viera nacer: «Santander. Biografía de una ciudad» (1956) y «Santander. Sidón Ibera» (1956).

Colaboró en la «Antología de Escritores y Artistas Montañeses», encargándose de las biografías de Daniel Alegre (1950, Manuel Salces (1955), Marcelino Menéndez Pelayo (1956) y Agustín Riancho (1960), así como en la renovación del Ateneo de Santander, en este caso desde la presidencia de la Sección de Cultura, y mediante la fundación y mantenimiento de la revista oral de gran éxito, denominada La Tertulia. El mismo año en que publicó su «Historia del Ateneo de Santander» (1963), recibió el Premio Nacional Conde de Ruiseñada por un interesante estudio sobre Marcelino Menéndez Pelayo y fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia (1963).

En 1964 publicó el tercer libro sobre su ciudad, «Retablo santanderino», y al año siguiente otra guía turística de calidad, esta vez titulada «Guía de Santander y su Provincia».

El Ayuntamiento de Santander lo declaró en enero de 1966 Cronista Honorario de la Ciudad y poco después, el 11 de abril, Hijo Predilecto.

El año 1968 además de publicar su importante obra «Santander en la Guerra de la Independencia», fue nombrado por el Pleno de la Diputación Provincial de Cantabria Vocal de Número de la Institución Cultural de Cantabria, y el Ministerio de Marina lo condecoraba con la Cruz del Mérito Naval de 2ª clase, correspondiente a la categoría de Jefe, en reconocimiento a su valiosa aportación a la organización de la Segunda Semana Naval, celebrada en Santander.

La Institución Cultural de Cantabria le publicó en 1972 el magnífico trabajo titulado «Santander en el siglo de los pronunciamientos y las guerras civiles», dedicado al estudio de las peripecias políticas y militares de la ciudad durante tan crucial periodo para su formación.

En 1973 se jubiló como periodista. Era redactor-jefe del periódico Alerta. En las numerosas entrevistas publicadas en la prensa a raíz de un homenaje que le tributaron sus colegas, quedó reflejada su modestia: «Un aprendiz no puede nunca dirigir nada -respondía a las insistentes preguntas de un entrevistador interesado en saber si le habría gustado dirigir un periódico; y haciendo balance de su profesión aclaraba-: Yo creo que todos los días tengo algo que aprender, y este sentimiento lo llevaré a la tumba». En reconocimiento a una ejemplar vida de trabajo le fue concedida la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, en octubre de 1974.

Después de tres intensas décadas dimitió del cargo de director del Museo Municipal de Bellas Artes el 11 de septiembre de 1978. Los compañeros del Centro de Estudios Montañeses le dedicaron un homenaje, adhiriéndose a los muchos que repudiaron y criticaron las circunstancias que habían llevado a Simón Cabarga a tomar la decisión de dimitir. Ese mismo año fue elegido "Cántabro del año".

En 1979, el Ateneo de Santander lo nombró Personalidad Montañesa del Año. También fue nombrado miembro del Instituto de Arte "Juan de Herrera".

Dedicó los últimos años de su vida, fundamentalmente, a la generosa tarea de poner orden en el cúmulo de datos e informaciones recopiladas, a fin de articular parcelas de conocimiento sobre el pasado de su sentida ciudad. Asumió la edición comentada y anotada de la novela de José María de Pereda, «Sotileza», que salió en la Colección de Bolsillo (1977) de la Institución Cultural de Cantabria. El afecto y ánimo que recibió de sus amigos y compañeros del Centro de Estudios Montañeses le decidieron a rematar dos de las obras en las que había estado trabajando durante décadas, «Santander en la historia de sus calles» (1980) y la «Historia de la Prensa santanderina» (1983).

Murió José Simón Cabarga en Madrid, la tarde del 24 de septiembre de 1980.

Después de su fallecimiento fueron editadas dos obras en las que estaba trabajando, «Evocación de la Vieja Puebla» (1982), preparada por D. Valeriano Barredo de Ediciones Librería Estudio de Santander, y la «Historia de la Prensa santanderina» (1983). La publicación de esta última obra fue posible gracias a D. José Luis Casado Soto, Director del Museo Marítimo del Cantábrico, que se encargó desinteresadamente de preparar para su edición el libro que Simón Cabarga tenía en el telar cuando falleció. Así quiso manifestarle una vez más su afecto y amistad.

A título póstumo le fue concedida la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1981) y el Ayuntamiento de Santander acordó dedicarle el nombre de una calle y de un colegio de enseñanza primaria. El 14 de agosto del año 2002 fue colocada una placa con su nombre en el Monumento a los Artistas de Cantabria, en el "Picu de la Torre" de Cabezón de la Sal (Cantabria).

El destacado pintor cántabro Julio de Pablo manifestó lo mucho que estimaban los artistas a José Simón Cabarga, convirtiendo en «Homenaje a José Simón Cabarga» su exposición pictórica que, patrocinada por el Ayuntamiento del Valle de Camargo, montó en octubre de 1980.

El verano del año 2005, con motivo del 250 aniversario de haber recibido Santander el título de ciudad, hubo una exposición en el "Palacio de Exposiciones" de la capital de Cantabria sobre su historia. Entre las 32 personalidades elegidas como representativas de la ciudad a lo largo de sus dos siglos y medio de existencia figuraba José Simón Cabarga (Libro-Catálogo "Santander en el tiempo", 2005).

La familia adoptó la decisión de donar al Centro de Estudios Montañeses el Archivo, cuadernos, papeles y biblioteca del insigne historiador que, en su modestia, siempre se llamó a sí mismo cronista. De esta manera, el trabajo y el entusiamo de José Simón Cabarga permanece a disposición de los investigadores, colaborando a perpetuar su memoria entre las futuras generaciones. Siempre será recordado por haber sido uno de los grandes historiadores de la ciudad de Santander.

Obras

I Feria de Muestras y Manifestación Agropecuaria de Santander. Memoria y resultado económico del Certamen. Editorial Montañesa S.A., Santander, 1933
Guía de Santander. Ayuntamiento de Santander, Santander, 1946
Las Reales Atarazanas de Santander. Ayuntamiento de Santander, Santander, 1950
Daniel Alegre, escultor montañés. Antología de escritores y artistas montañeses, Santander, 1950
Santander. Biografía de una ciudad. 1ª edición. Ayuntamiento de Santander, Santander, 1954. Ediciones Librería Estudio ISBN (13): 978-84-85429-05-9; ISBN (13): 978-84-87934-98-8
Manuel Salces Gutiérrez. Antología de escritores y artistas montañeses, Santander, 1955
Santander. Sidón Ibera (2ª parte de Biografía de una ciudad). 1ª edición. Aldus S.A., Santander, 1956. Ediciones Librería Estudio ISBN (13): 978-84-85429-06-6; ISBN (13): 978-84-95742-19-3
Marcelino Menéndez Pelayo. Antología de escritores y artistas montañeses, Santander, 1956
Pintores Montañeses, 1856-1956. Santander, 1956
Agustín Riancho. Antología de escritores y artistas montañeses, Santander, 1959
Caminos de la Montaña. Congreso Nacional de Ateneos, Santander, 1963
Santander, pasado, presente y futuro. Ayuntamiento de Santander, 1963
De siete mil duros a mil millones de pesetas. Caja de Ahorros de Santander, Santander, 1963
Historia del Ateneo de Santander. Editora Nacional, Madrid, 1963
Retablo santanderino (3ª parte de Biografía de una ciudad). Jean S.A., Santander, 1964
Santander y su Provincia. Guías Artísticas de España, Ed. Aries, Barcelona, 1965
Santander en la Guerra de la Independencia. Ed. de autor, Santander, 1968
Guía de Santander. Ed. Everest, 1968. ISBN (13): 978-84-241-4373-2; ISBN (13): 978-84--241-4374-9. (Declarada de Interés Turístico Nacional por el Ministerio de Información y Turismo)
Santander en el siglo de los pronunciamientos y las guerras civiles. Institución Cultural de Cantabria, Santander, 1972
Catálogo de la exposición antológica de Agustín Riancho. Museo de Arte Moderno Español, Madrid, 1973
Sotileza de José Mª de Pereda. Estudio y notas de José Simón Cabarga. Institución Cultural de Cantabria, Santander, 1977. ISBN (13): 978-84-85349-00-5
Santander en la historia de sus calles. 1ª edición. Institución Cultural de Cantabria, Santander, 1980. ISBN (13): 978-84-85349-13-5. Ediciones Librería Estudio ISBN (13): 978-84-87934-99-5
Evocación de la Vieja Puebla. Librería Estudio, Santander, 1982. ISBN (13): 978-84-85429-24-0
Historia de la Prensa Santanderina. Institución Cultural de Cantabria, Santander, 1983. ISBN (13): 978-84-500-8281-4
"Casimiro Sáinz y Sáiz. Vida y obra del paisajista campurriano" (ms. Archivo José Simón Cabarga en el Centro de Estudios Montañeses)


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sábado, 17 de julio de 2010

CIOLI, "El Guardián" de la playa de la Magdalena.





Tomado de http://www.facebook.com/pages/Cioli/56646500271?v=info


Son muchos los ilustres que se han ganado a pulso ocupar los primeros puestos en el ‘Libro de Familia’ de Santander. En la historia más reciente de esta ciudad José Sanz Tejera ‘Cioli’ es uno de ellos. Más de seis décadas lleva este santanderino, de la calle del Sol, sin apenas faltar un solo día a su cita con la playa, la de La Magdalena, claro. Panadero de profesión y socorrista por devoción, más de un centenar de personas le deben la vida. Sus amigos destacan su humildad, generosidad y gran humanidad como principales rasgos de su carácter. Altruista hasta la ‘médula’. Por algo será.
“Empecé de niño ayudando a mi madre a repartir el pan en Castelar. Con 9 años, cuando libraba, me iba a Puertochico a mirar los barcos, limpiaba el pescado y después lo vendía, y de allí me iba al cine. Cuando los barcos no salían ayudaba a peinar bolos en la bolera de David (ubicada en el solar que ahora ocupa la Diputación). Y con unos 12 años, en la rampa de San Martín, aprendí a nadar”. Así es como Cioli recuerda el nacimiento de un ‘idilio’, con la mar, que ha durado más de siete décadas.
No sería nada extraño pensar que un joven José Sanz Tejera se levantó un día de buena mañana y se propuso, a partir de ese instante, bajar todos los días a la playa a ‘pegarse’ un baño, hiciese el tiempo que hiciese. Aunque no se lo planteó así, a sus 87 años su historia ha estado marcada por este peculiar estilo de vida. No se sabe si Cioli escogió esta vida o fue ésta la que le escogió a él. ¿Estaba predestinado? El lo tiene más que claro: “Si volviese a nacer haría lo mismo. He sido y sigo siendo muy feliz”.
Admirado, querido y respetado por una ciudad que le ha rendido pleitesía en numerosas ocasiones, a Cioli, con esa humildad que lleva por bandera, siempre se le iluminan los ojos cuando cuenta orgulloso cómo en su día a día las gentes de esta tierra, de varias generaciones, le buscan con la mirada para ser correspondidos con ese afectuoso saludo que este hombre tiene siempre preparado para quien lo requiera… que no son pocos.
Su labor como socorrista empezó de manera casual. A principios de la década de los 50, cuando Cioli y su cuadrilla de amigos se dirigían al ‘baile’ que cada fin de semana tenía lugar en Somo y en Pedreña, divisaron a tres personas que tenían dificultades para salir del agua. Dos de ellos consiguieron salir, pero al tercero hubo que ir a ayudarlo. “La mar estaba bastante revuelta y las olas me devolvían a la orilla cada vez que me metía en el agua para rescatarle. Al final, con la ayuda de un neumático que me dejaron logré sacarle”, comenta Cioli. Fue ahí cuando se empezó a forjar su leyenda. Desde entonces, cuando había alguna emergencia, al grito de “Cioli, Cioli…” se requería su presencia para que acudiera al auxilio de algún bañista. Y si no, un consejo a tiempo siempre podía evitar males mayores. Nadie mejor que él para saber que muchas de las emergencias se debían a esas pequeñas imprudencias de la gente. “Algunas veces he avisado de que estaban cometiendo una imprudencia, no me han hecho caso y he tenido que ayudarles a salir del agua, aunque la mayoría de las veces no pasaba”, cuenta Cioli con gesto de condescendencia.
Altruismo
A lo largo de su vida son incontables las ocasiones en las que ha acudido a socorrer a alguien, pero en su haber cuenta con unos 140 rescates. “No los he contado nunca, normalmente me enteraba de quién era la persona a la que había socorrido por los periódicos. Nunca he dado importancia al hecho de salvar a más o menos gente”, afirma Cioli. Sobre este particular da buena cuenta Juan Arrollo –uno de sus grandes amigos- cuando dice como “estaba aquí hiciese el tiempo que hiciese sin darse ninguna importancia, y cuando había algún problema el que estaba para todo era Cioli”.
Uno de los capítulos que el propio Cioli recuerda con más cariño, y que demuestran ese lado tan humano que sus amigos le reconocen, es el que tuvo como protagonista a un perro: “Venía del Sardinero y cuando estaba llegando a La Magdalena me avisaron de que un boxer se estaba ahogando. Llevaba más de media hora atrapado en el ‘muerto’ de uno de los barcos. Cuando lo vi se me cayó el alma a los pies. Apenas le quedaban fuerzas. Al acercarme me enganchó con las pezuñas –enseña los brazos con las cicatrices aún visibles- y cuando logré desengancharle le dije: Ahora campeón te voy a soltar y vas a nadar solo. Pues llegó antes que yo a la orilla y luego me lo agradeció a su manera. Muchas veces son mejores que las personas”. También guarda en la memoria alguna que otra mala experiencia, como las dificultades que tuvo para rescatar a un ‘tipo’ que pesaba unos 115 kilos.
La playa de La Magdalena
El centro de operaciones de José Sanz siempre fue el Balneario de la playa de la Magdalena, y es allí donde ha pasado media vida; la otra media, hasta que se jubiló, fue panadero. “He trabajado 46 años de panadero y el resto de mi tiempo libre he sido socorrista”, afirma. Ahora sigue disfrutando de este emplazamiento, pero de otra manera. “Allí es donde he hecho la vida. Es mi segunda casa. Siempre he estado muy a gusto, he sido millonario en amigos”, reconoce. Ramón de la Piedra, dueño del Balneario, corrobora esta versión: “Para nosotros es uno más de la familia, el Balneario es su casa. La relación ha existido desde siempre, llevamos 30 años llevando este negocio y hemos convivido día a día con él, con sus anécdotas…”. Como aquella que cuenta Ramón, con una sonrisa de oreja a oreja, en la que un bañista que estaba cogiendo mejillones tuvo la idea de meter todos lo que iba recolectando en el bañador, con tan mala suerte que uno de ellos se ‘agarró’ a sus partes. Tras varios infructuosos intentos de liberar al cazador cazado, Cioli solucionó la ‘papeleta’ echando agua oxigenada.
Pero no sólo estaba en la playa con sus prismáticos amarillos para asegurarse de que no ocurriese nada, también hacía, y hace, las veces de hombre del tiempo, como lo atestigua Ramón de la Piedra, para quién “además de su generosidad en el socorrismo, mucha gente viene a preguntarle el tiempo que va hacer al día siguiente. Es una persona muy cariñosa y muy querida”. En definitiva, Cioli es una ‘parte’ fundamental de la playa de La Magdalena. Sería, de alguna forma, el protagonista de esa postal de la playa con el balneario de fondo. El gerente del mismo también la imagina, pero cambiando el orden de aparición: “Yo pondría primero a Cioli. Es una persona muy humana, generosa y que se ha dedicado dentro de sus posibilidades a ayudar a los demás”.
Reconocimientos
‘El Ayuntamiento de Santander a Cioli, salvador de cien vidas. Santander, 1983’. Así reza una placa que se encuentra en uno de los accesos a la playa situados en la avenida Reina Victoria. Este es uno de los múltiples homenajes, quizás el más significativo por el emplazamiento del mismo, que ha recibido a lo largo de su vida. A Juan Arrollo no le extraña que Cioli reciba tantas muestras de cariño, para él es una “de las mayores instituciones que hay en Santander. Es una persona conocidísima a todos los niveles. Todos los alcaldes le han querido y respetado mucho.
Es una persona que irradia mucha ternura”. Pero, para Juan, el mejor reconocimiento que se le puede hacer es en el día a día “charlar con unos y con otros… Si ahora le llevas a correos a coger una carta, del aparcamiento al interior le paran unas 40 veces, todo son besos, saludos, cariño… Ahora cualquier chaval joven que pasa por delante de él siempre le dirige un saludo. Es entrañable”.
Hoy en día Cioli pasa sus días en la Residencia Marcano, pero basta que asome un rayo de sol por la ventana para que a primera hora de la mañana ya se esté preparando para pasar el día en La Magdalena. Juan Arrollo, que le conoce bien, tiene claro que sino fuera por la playa, el salvamento y los amigos, Cioli sería “otro anciano más de 87 años que vive en una residencia. Otra persona de su edad pasaría más desapercibida, pero él es una figura que enternece, que hace mucho por los demás. Es llana, sincera e íntegra. Lleva el altruismo por bandera. Jamás ha hecho nada por una recompensa”.
El día a día de José Sanz Tejera se centra en quedar con sus amigos, charlar, leer el periódico y, porque no, discutir de fútbol. Y sabe bien de lo que habla, ya que ha sido el invitado de honor en algunos de los partidos más importantes que ha disputado su equipo, el Racing de Santander. “Tiene una fortaleza física y una memoria impresionante. La vida que tiene él ahora mismo es muy buena y, además, es la que él ha querido. Y ese es el secreto de la vida”, destaca Juan Arrollo.
Pero no todo es de color de rosa, siempre tiene que haber algún episodio desagradable y en la memoria de los cántabros siempre quedará grabado aquel incidente ocurrido hace años en un light night muy conocido. Al igual que la mayoría de la gente a la que se le pregunta por este ‘mal sueño’, Juan Arrollo, que todavía no da crédito a lo que ocurrió, muestra, hoy en día, su más absoluto rechazo: “Intentar ridiculizar a una persona sencilla para ganar audiencia me parece lo peor. No hubo derecho a que hicieran aquello. Hay que enterarse bien de quién es Cioli, una persona que expone la vida para ayudar a los demás, y que sólo por eso merecería un monumento”.
Pero José Sanz Tejera ‘Cioli’ tampoco le da mucha importancia. Cuando se le pregunta quién es, su respuesta no deja ningún resquicio para la duda: “Uno que se dedicó a salvar gente, siempre de una forma altruista, sin cobrar ni pedir nada a cambio”.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Santanderinos ilustres: Don Ángel Herrera Oria


El siervo de Dios Ángel Herrera Oria nació en Santander el 19 de diciembre de 1886 en el seno de una familia acomodada, e hizo el número trece de los quince hijos que tuvo el matrimonio: una mujer y catorce varones, cinco de ellos sacerdotes jesuitas y de éstos, varios misioneros. Vivió la infancia y la juventud a caballo entre Santander y Valladolid. Allí estudió, siempre en colegios religiosos. Tras cursar el bachillerato con los jesuitas -obteniendo el graduado con sobresaliente- cursó Derecho en la Universidad de Valladolid, primero y luego, en la de Deusto, siempre con excelentes calificaciones. Se doctoró y consiguió en 1907 el tercer puesto en las oposiciones al cuerpo de abogados del Estado, siendo su primer y único destino, la Delegación del Gobierno en Burgos. Tras integrarse en la Congregación mariana de los Luises, que dirigía el padre Ángel Ayala SJ, para formar a jóvenes universitarios, participó en la fundación de la Asociación Católica de Propagandistas el 4 de noviembre de 1908. Un año después, el 3 de diciembre de 1909 se imponían las insignias a los primeros socios y don Ángel era nombrado primer presidente de la ACdP. Sí bien los propagandistas empezaron por participar en mítines por toda España en defensa de la fe, en los que destacaba por su oratoria Herrera, lo cierto es que su primera gran empresa fue erigir un gran periódico católico. Y lo consiguió el 1 de noviembre de 1911. De los 8.000 ejemplares de tirada que tenía El Debate de 1911 se pasó a 200.000 de 1931. Además, fundó en 1912 la Editorial Católica, propietaria de los diarios Ideal de Granada, El Ideal Gallego en La Coruña, Hoy de Badajoz, La Verdad de Murcia y el vespertino Ya; las revista Jeromín (Infantil) y la agencia Logos; y la primera escuela de Periodismo de nuestro país: la Escuela de El Debate, precedente de las actuales facultades universitarias de Comunicación, cuyos cursos comenzaron a impartirse en 1926.En 1931 promovió la creación de Acción Nacional, organización que presidió hasta poco después de las elecciones del 28 de junio, en la que esta formación política obtuvo un sonoro fracaso. Le sucedió en la Presidencia otro propagandista destacado, José María Gil Robles, que modificó la denominación del partido a Acción Popular y que luego, participó en 1933 en la constitución de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). En el año 1933 abandonó la dirección del periódico para hacerse cargo de la presidencia de la Junta Central de Acción Católica, periodo en el que también fundó el Centro de Estudios Universitarios (CEU) y los cursos del Colegio Cántabro de Santander. Se trata de un periodo muy breve, pero fructífero, en el que relanzó las Semanas Sociales de España, creó el Instituto Social Obrero, puso a andar la Casa del Consiliario, de la que salieron varios obispos, entre ellos, el cardenal Enrique y Tarancón. Apenas, dos años después, en 1935 cedía la presidencia de la ACdP a Fernando Martín-Sánchez y en 1936 abandonaba la Acción Católica para iniciar en la Universidad Católica de Friburgo los estudios que le conducirían a su ordenación sacerdotal el 28 de julio de 1940 en la Capilla del Seminario de San Carlos. El primer destino en el que desempeñó su magisterio fue la parroquia en la que fue bautizado: Santa Lucía, en Santander. Allí ejerció de coadjutor, fundando la barriada pesquera, la Escuela Obrera de Aprendices y la residencia sacerdotal de Maliaño y creando un pujante grupo de jóvenes. En 1944 estuvo detrás de la fundación de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). El 3 de mayo de 1947 fue nombrado obispo de Málaga. Allí impulsaría la creación de más de 200 escuelas-capilla que contribuyeron a reducir de forma sustancial el elevado índice de analfabetismo existente en esta provincia; creó el patronato benéfico de viviendas Santa María de la Victoria, la barriada obrera San José de Carranque, la cooperativa de viviendas San Vicente de Paúl, la Asociación de Agricultores Pío XII y fomentó la formación de maestras rurales. Puso en marcha otra Escuela Social Sacerdotal y con el templo abarrotado, las homilías dominicales eran seguidas en directo gracias a las emisiones de Radio Nacional de España en Málaga. En 1949 es nombrado consiliario nacional de la ACdP, cargo que ocuparía hasta el año 1955. En 1951 inauguró el Colegio Mayor Universitario de San Pablo y fundó el Instituto Social León XIII, incorporado en 1964 a la Universidad Pontificia de Salamanca como Facultad de Filosofía y Letras, en un principio y desde 1971, de Ciencias Sociales. Años después, en 1955 intervino en la constitución del Centro de Estudios Sociales de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y en 1958 se le eligió presidente de la Junta de Gobierno de la Editorial Católica, cesando en 1967. En 1960 inauguró la Escuela de Periodismo de la Iglesia y al año siguiente la Escuela de Ciudadanía Cristiana. En 1965, tras participar en el Concilio Vaticano II, fue creado cardenal de la Iglesia y un año después presentó su dimisión tras haber rebasado la edad límite de setenta y cinco años. En 1968 englobó sus últimas iniciativas en la Fundación Pablo VI, incorporándole el Instituto Social León XIII, la Escuela de Ciudadanía Cristiana, el Colegio Mayor Pío XII, la Residencia Pío XI, la residencia sacerdotal, el Instituto de Cultura Popular y la Escuela de Periodismo de la Iglesia y poco después, el 28 de julio de 1968 falleció en Madrid. El 25 de enero de 1996 el Cardenal de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, firmó la introducción de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios y el 20 de noviembre de ese mismo año se celebró la apertura oficial y pública de la causa, siendo sus promotores el Obispado de Málaga, la Fundación Pablo VI y la Asociación Católica de Propagandistas-Fundación Universitaria San Pablo-CEU.
Fuente: www.acdp.es
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