YO soy mucho de la Montaña. Soy de la Montaña de toda la vida. De la mar de Castilla. De la que crió a media España con el Pelargón que Nestlé hacía en La Penilla. Soy de la Montaña del sobao pasiego.La que inventó la emigración antes que nadie y eso de los emprendedores antes que existiera tal palabra. Hablo de la Montaña de los montañeses de Sevilla y de los chicucos de Cádiz. La de los jándalos que se vinieron a trabajar a Andalucía con pantalón corto, se pasaron la vida detrás del mostrador de un almacén de ultramarinos o de una tienda de comestibles, durmieron debajo de ese mismo mostrador sin quitarse el babi de crudillo, ahorraron y cuando tuvieron un dinero se establecieron como comerciantes, con tiendas que pregonaban poemáticos nombres en recuerdo de su tierra: El Valle del Pas, La Flor de Toranzo, La Gloria de Villacarriedo. Esa es mi Montaña, qué Cantabria ni Cantabria.ANTONIO BURGOS.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El gol de la novia

El gol de la novia



Raúl Gómez Samperio en www.eldiariomontanes.es

Fue un gol increíble. Su recuerdo nos ha llegado a nuestros días escondido en las hojas amarillas de los periódicos, pero empapado del amor que inspiró aquel soberbio disparo. Porque aquel gol de la novia, el más romántico de la centenaria historia del Real Racing Club, acabó en boda. No hablamos de cualquier jugador. Su nombre, pronunciado en el aire, debería de producir genuflexiones de respeto y admiración entre tantos que han saturado el aire con falsos ídolos. Hablamos de Óscar, el gran Óscar, el jugador que más goles ha marcado en la historia del Racing. Delantero centro rápido, potente y pegador con las dos piernas, Óscar logró lo que ningún otro jugador del Racing ha conseguido: marcar la friolera de 236 goles en los 211 partidos oficiales que disputó. Entre aquellos goles, todavía celebro el que cautivó el amor de una mujer. Se jugaba la edición de la Copa del Rey de 1925, en la que participaron los campeones de los respectivos torneos regionales que se dividieron en cuatro grupos de tres equipos cada uno. El ganador de cada grupo se clasificaría para las semifinales. Al Racing le tocaron dos huesos duros de roer, el Arenas Club de Guecho y la Real Sociedad de San Sebastián. El partido en Santander contra el Arenas Club, fue el último y decisivo, porque la igualdad de los tres conjuntos norteños aún permitía la clasificación a cualquiera de ellos. Así que con una victoria, el Racing se clasificaba para la semifinal. Se jugó el 4 de abril de 1925. Los Campos de Sport recibieron la mayor entrada conocida, destacando el jolgorio de los jóvenes entusiastas de la Gradona de los Malditos, situada detrás de una de las porterías, tomada por una nueva peña racinguista, el Tirabeque. El viento era fuerte y en la primera parte sopló a favor de los vizcaínos. Se llegó al descanso con empate a cero. El Racing tuvo que jugar la segunda mitad con diez hombres por la lesión de Montoya y el Arenas abrió el marcador por medio de un penalti. Pero la respuesta del Racing no se hizo esperar. La pelota salió fuera y Óscar fue a recogerla cerca de donde estaba su novia, Manuela Arauna. Con el balón en las manos quiso saludarla, y al mirarla a los ojos, se atrevió a proclamar su cariño con una dedicatoria lanzada a modo de brindis torero que escuchó parte del público y varios periodistas, entre ellos el cronista de El Diario Montañés, el médico Domingo Solís Cagigal (D"Abionzo): «¡Este gol que voy a meter ahora va por ti, Manolita!». Y ocurrió lo excepcional. Óscar recibió la pelota y avanzó hacia la meta de Jaúregui. Sorteó a uno, dos y hasta tres areneros que le salieron al paso con furia, y antes de llegar al área, lanzó un chut de enorme potencia y colocación que hizo saltar a los espectadores y estremecer a la joven. El gol no sirvió para ganar a los rivales, pero abrió a Óscar las puertas de la mujer a quien amaba. Meses después, anunció su boda con Manolita. En la despedida de soltero, el escritor José Barrio y Bravo le ofreció un brindis poético que evocaba aquel gol tan profético y espectacular: «... Desbordóse, alocado, el entusiasmo/ como torrente por el graderío/ la gente, puesta en pie, te ovacionaba; "-Qué bárbaro!" -chillaban los "malditos"? /¡Oh, la grandeza de aquel goal magnífico/ llamado "el de la novia" por Domingo/ Solís, el contagiado especialista/ del furioso microbio deportivo!..» Óscar Rodríguez López falleció en 1976. En el panteón familiar de su mujer, en Ciriego, aún puede escribirse este epitafio: «Aquí yace, eternamente enamorado, el más grande goleador del Real Racing Club».

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